jueves, 13 de noviembre de 2014

El triple crimen de Alcàsser. Vigésimo segundo aniversario.




El 13 de noviembre de 1992 dos niñas de catorce años, Miriam García Iborra y Desirée Hernández Folch, y una de quince años, Toñi Gómez Rodríguez, que vivían en el pueblo valenciano de Alcàsser, fueron secuestradas al atardecer.

Setenta y cinco días después, sus cuerpos aparecieron sepultados en una fosa cavada en La Romana, un paraje montañoso situado en el término municipal de Llombay. Habían sido violadas, torturadas de forma inimaginable y asesinadas.

Después de una investigación que no lo fue, unas autopsias que no lo fueron y un juicio que tampoco lo fue, se nos hizo creer que el principal implicado, un camello de poca monta llamado Antonio Anglés Martins, había conseguido huir. El único condenado, como cómplice necesario del triple crimen, que fue a parar a la cárcel, fue Miguel Ricart Tárrega.

Uno de los padres de las niñas, D. Fernando García, intentó por todos los medios descubrir a los culpables. Acabó procesado por injurias y calumnias con publicidad y con la amenaza de una condena de prisión superior a la de un homicidio. Finalmente, se le condenó a una fuerte multa, los medios de comunicación lo desacreditaron y no pudo concluir su labor.

Veintidós años después, los psicópatas culpables de estos hechos siguen impunes. No lo permitas.

Si no conoces el caso, infórmate uniéndote a nuestro grupo. Ayúdanos a difundir la verdad.

Por favor, difunde y comparte este cartel. Que no haya paz para los culpables.









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lunes, 10 de noviembre de 2014

Los horarios de Rosalía.





Uno de los interrogantes del caso Alcàsser que más me ha intrigado, desde siempre, es la gran discrepancia entre los diversos horarios de salida de las niñas de casa de su amiga Esther, algo que ya le había llamado la atención a Juan Ignacio Blanco, según comenta en su libro:


"La madre de Ester aportaba un nuevo interrogante a la investigación, la hora en la que Miriam, Toñi y Desirée salieron de su casa. Según ella fue a las seis menos diez. Según su hija a las ocho y veinte. Dos horas y media de diferencia entre la declaración de madre e hija es demasiado tiempo. Sin embargo, e inexplicablemente, la Guardia Civil nunca se molestó en comprobar cuál de las dos estaba equivocada en un dato tan importante."


El 29 de mayo de este año se me encendió la luz. Ya empezaba a ver una posible justificación a uno de los dos horarios de salida de las niñas de casa de Esther, ambos aportados por su madre, Rosalía.

El primero figura en la página 36 del libro de Juan Ignacio Blanco, y no aparece en el sumario:


"A las 17,40 horas, se dialoga con la madre de Ester Díez Martínez, madre de una amiga de Desirée y Miriam, la cual comunica que estuvieron en su domicilio el viernes hasta las 17,50 horas, que pensaban quedarse a jugar a las cartas pero que decidieron marcharse, quedándose su hija por encontrarse enferma".


El segundo, también de Rosalía, pero hecho público por su hija Esther, es el siguiente, que figura en su declaración ante la Guardia Civil de Picassent:


FOLIO 657
MANIFESTACIÓN DE ESTER DÍEZ MARTÍNEZ

"En Picassent (Valencia), siendo las 20,30 horas del día 20 de Noviembre de 1.992, personada en estas dependencias de la Guardia Civil, dice ser como queda dicho, nacida en Zamora, el 01 de Febrero de 1.978, hija de Pascasio y Rosalía, domiciliada en Alcácer, calle ...

PREGUNTADA para que diga si conoce a las tres chicas que faltan de su domicilio, dice: sí, las conozco desde pequeñas.

PREGUNTADA para que diga, el último día que las vio, dice; el viernes a las 20,15 horas, digo las 20,20 horas ya que miré la hora del vídeo.

PREGUNTADA para que diga donde las vio, dice: en mi casa."




Que fue por sugerencia de Rosalía, lo sabemos gracias a la declaración de Esther en la vista oral, según figura en el acta del día 28 de mayo de 1997:


VISTA ORAL
ACTA DEL DÍA 28 DE MAYO DE 1997

AL MINISTERIO FISCAL

Que hice una declaración ante la Guardia Civil de Picassent.
Que fui ahí voluntariamente.

Que me avisaron que tenía que ir, no me acuerdo bien, supongo que alguien me lo diría.

Que creo que sí me llamó la Guardia Civil.

Que a Miriam, Desirée y Toñi las conocía, era amiga de pequeña, de toda la vida.

Que el 13 de noviembre de 1992, teníamos que haber ido las 4 a una discoteca.

Que fueron a mi casa antes de ir a la discoteca porque no me encontraba bien, estaba enferma.

Que salieron de mi casa sobre las ocho.

AL LETRADO DE LA DEFENSA

Que supongo que antes si que recordaba, y rectificaría porque mi madre había mirado la hora seguro y lo sabía seguro, por eso se rectificó de 8.15 a 8.20 h.




Sí su madre "sabía seguro" que había sido a las 20:20 horas, porque lo había visto en el vídeo, ¿por qué cambió Esther su declaración en el juicio para afirmar que las niñas habían salido de su casa a las 20:00 horas?

Volviendo a las horas de Rosalía, entre las 17:50 h. y las 20:20 h. hay dos horas y media de diferencia, 150 minutos exactos. En lo primero que me fijé fue en la primera de las horas de salida de las niñas, las 17,50 horas.

De modo que el 29 de mayo, entreabrí la puerta a una posible justificación en una breve publicación en mi ya extinto muro de facebook:






Después consideré la posibilidad de que el primer horario de salida de las niñas tuviera algo que ver con la celebración del Sabbath.

Las velas del sábado deben encenderse 18 minutos antes de la puesta del sol. Por lo tanto, si la puesta del sol del 13 de noviembre de 1992 tuvo lugar a las 17:48 horas, las velas deberían haberse encendido a las 17:30 horas. Como Rosalía dice que las niñas se fueron a las 17:50, eso hizo que me preguntara si se habría confundido por veinte minutos (entre 17:30, hora de encender las velas, y las 17:50, hora de salida de las niñas).

Luego advertí que las niñas podían haberse ido a la hora de comienzo del Sabbath y no a la de encender las velas. Aunque el horario se tenía que haber redondeado, desde las 17:48 a las 17:50. Aún así, existe un margen de quince minutos para el encendido de las velas antes de profanar el Sabbath, lo que implica que las niñas se podían haber ido tanto a la hora del encendido de las velas como a la del comienzo del Sabbath.

La existencia de tal margen puede comprobarse en el siguiente enlace:





Una vez tenía una teoría para justificar el primer horario de Rosalía, necesitaba otra para justificar el segundo.

Dos colaboradores me hicieron ver el concepto de "horas halájicas".

Para calcular los horarios de celebración de los rituales se utiliza la Shaá Zmanit, que es la hora proporcional, es decir, un hora de acuerdo a la halajá, la ley judía. Para calcular la Shaá Zmanit de un día concreto se divide por 12 el número total de minutos de luz solar del día, desde la salida hasta la puesta del sol. Eso permite calcular la duración de una hora halájica, que varía cada día del año.

El 13 de noviembre de 1992, una hora halájica duraba 50 minutos y veinte segundos. Dado que el segundo horario de Rosalía (por boca de Esther, siguiendo la teoría del vídeo) hace salir a las niñas a la 20:20 horas, la diferencia entre los dos horarios (17:50 y 20:20) era de 150 minutos. Redondeando las horas halájicas desde 50 minutos y veinte segundos a 50 minutos, 150 minutos resultaban ser dos  horas halájicas y media, justo el tiempo que mediaba entre las 17:50 y las 20:20.

No obstante, esta teoría no despeja las demás incógnitas. ¿Por qué no consta en el sumario la declaración de Rosalía que menciona Juan Ignacio Blanco en su libro? ¿Por qué cambió los horarios? ¿Qué estuvieron haciendo las tres niñas durante esas dos horas halájicas y media? ¿Dónde estaban? ¿Por qué no consta en el acta que Rosalía acompañara a su hija para prestar declaración ante la Guardia Civil?




Fuentes:


  1. Juan Ignacio Blanco. ¿Qué pasó en Alcácer? (C) Son-Expresión S.L. 1998.
  2. http://www.anajnu.cl/tiemposhalajicos.htm
  3. http://www.jabad.org.ar/shabat/
  4. http://msur.es/religiones/judaismo/shabat/
  5. http://www.es.chabad.org/calendar/zmanim_cdo/aid/529565/jewish/Horarios-Halajicos.htm#locationId=554&locationType=1&tdate=11/13/1992

martes, 4 de noviembre de 2014

La Reina de Saba.




En la ciudad de Worms vivía un posadero que era muy pobre. Su posada, llamada La Cabeza del Diablo, estaba en las afueras. Pocos viajeros elegían hospedarse en ella, y aquellos que lo hacían apenas tenían dinero para pagar su estancia. Los viajeros acaudalados se hospedaban en la otra posada, La Casa con el Signo del Sol. Al pobre posadero lo corroía la envidia, y deseaba que fuera su posada la que gozara del favor de los viajeros.

Un día el pobre posadero estaba en su almacén, lamentándose de su suerte, cuando escuchó una linda voz que decía "tus riquezas están al alcance de tu mano". Alarmado, el hombre miró a su alrededor y vio ante él a una hermosa mujer de dorados cabellos -la más hermosa mujer que había visto jamás. Su vestido se ajustaba a su cuerpo, revelando unos encantos que asombraron al hombre. Y su porte era el de una reina.

"¿Quién eres?", tartamudeó el hombre. "Soy la Reina de Saba", replicó ella. "He sido enviada para hacer realidad tus sueños. Si vienes a mí cada día a esta hora y te me entregas, te convertiré en un hombre rico." El hombre apenas podía creer lo que acababa de escuchar. Perdió la cabeza. Su sangre hervía en sus venas, lleno de lascivia por la mujer que estaba ante él, que era la misma imagen del deseo. Ni siquiera pensó cómo era posible que hubiera llegado allí o si realmente era la Reina de Saba. Y, antes de que pudiera darse cuenta, se había fundido en un abrazo con ella. Después, la Reina de Saba le entregó una bolsa llena de monedas de plata y, cuando vio su contenido, el posadero se llenó de alegría, porque ahora podría pagar todas sus deudas y vivir por fin como un hombre rico.





Al día siguiente, a la misma hora, el hombre volvió a su almacén, del que solamente él tenía la llave. Allí se encontró con la Reina de Saba, que estaba bañándose en una bañera dorada. Cuando entró, ella salió del baño, desnuda, y él se volvió a sentir abrumado por su belleza. En cuanto se secó se tendió sobre una cama. El hombre no se preguntó de dónde habían salido la bañera y la cama, sino que se rindió a las delicias que ella le ofrecía, y ya era media tarde antes de que se hubiera hecho con otra bolsa de monedas de plata.

Ese día el hombre se apresuró a comprar un hermoso vestido y un anillo de oro para que su mujer los luciera en el Sabbath. Su mujer estaba asombrada por estos regalos, pero no preguntó cuál era el origen de su súbita riqueza. En cambio lo celebró con su marido, aliviada por haber conseguido al fin una pequeña fortuna.

Durante toda la noche el hombre soñó con volver a los brazos de la Reina de Saba, y su cuerpo temblaba de deseo. A la mañana siguiente apenas podía esperar a que llegara la hora de entrar en el almacén. Por fin lo hizo, y allí encontró a su amante esperándolo. Se abrazaron con pasión y después, mientras el hombre yacía exhausto, la Reina de Saba dijo "ahora ya sabes cuánto tengo para ofrecerte. Quédate conmigo y serás rico. Pero si le hablas de mí a alguien, lo pagarás con tu vida."

El hombre se asustó al saberlo, pero insistió en que nunca se lo diría a nadie, porque su mujer le pediría el divorcio, sus hijos jamás lo perdonarían y nadie vendría a su posada. Ella no añadió nada, y le dio otra bolsa de monedas de plata, que el hombre imaginó provenía de una reserva inacabable.





Durante los siguientes días, las vidas del posadero y de su esposa cambiaron radicalmente, al igual que la propia posada, que fue remodelada hasta ser más lujosa que la propia Casa con el Signo del Sol. La mujer del posadero adquirió un nuevo guardarropa completo y se acostumbró a lucir las mejores galas, no sólo en el Sabbath y otras fiestas, sino a diario. Consiguieron muchos sirvientes para que se encargaran del mantenimiento de la hospedería y pronto el posadero comprobó que no tenía nada que hacer, ya que todas sus tareas las realizaban otros. El único problema era que su mujer empezaba a preguntarse de dónde provenían todas aquellas riquezas, pero el posadero rehusó hablar sobre ello, lo que la frustró. Y en los días de lujo que siguieron tuvo poco que hacer, salvo cavilar sobre ello e insistir sobre el asunto a la mínima oportunidad.

Mientras tanto, el hombre volvía al almacén cada día para plegarse a los deseos de la Reina de Saba. Y ella, por su parte, se ocupaba de que sus riquezas siguieran creciendo. Por aquel entonces el hombre no era sino un esclavo de los deseos de la Reina de Saba y la servía en cualquiera de sus caprichos, porque dependía completamente de ella.

Como el posadero rehusaba confiar a su mujer el secreto de su riquezas, ella empezó a espiarlo para ver lo que podía averiguar por sí misma. No tardó mucho en descubrir que el desaparecía a última hora de la mañana y no volvía a aparecer hasta media tarde. Pronto averiguó que estaba en el almacén en ese intervalo y se preguntó qué estaría haciendo allí dentro. Un día se lo dejó caer y él le contestó que se había acostumbrado a echarse una siesta sobre los sacos de grano.





Sin embargo, la contestación no satisfizo a la mujer, y una mañana temprano tomó la llave del almacén y se hizo una copia. Luego volvió a ponerla en el llavero de su esposo, sin ser descubierta. Una tarde, no pudiendo aguantar más su curiosidad, abrió cautelosamente la puerta del almacén mientras su marido estaba dentro, y lo vio dormido en brazos de la Reina de Saba. Destrozada por lo que había visto, volvió a cerrar la puerta con cuidado, para que nadie supiera que había estado allí dentro. Pero la Reina de Saba lo había visto todo. Despertó al hombre y le dijo "debes haberle contado nuestro secreto a tu mujer y ahora vas a morir". El hombre le suplicó, diciendo que nunca se lo había contado a nadie, especialmente a su mujer, pero la Reina de Saba dijo que acababa de abrir la puerta y los había visto juntos. El hombre quedó aterrado al enterarse y vio que su suerte se había acabado. Pero tanto rogó por su vida que al final consiguió que ella consintiera en perdonarle. "Pero no volverás a verme", dijo, "ya que jamás volveré a ti. Tus riquezas desaparecerán, me las llevaré todas. Y pienso estrangular a los dos hijos que tuve contigo y que ni siquiera conocías. ¿No? Les retorceré el cuello. Dentro de tres días ve al puente sobre el Rhin y verás un ataúd flotando sobre las aguas. Dentro yacerán los cuerpos de los niños que engendraste conmigo." Y entonces, de repente, la Reina de Saba desapareció, y con ella la bañera de oro en la que se bañaba, la cama sobre la que dormían y la bolsa de monedas que había traído para darle. Fue entonces cuando él se dio cuenta de que ella debía de ser una bruja, quizás la propia Lilith.


El posadero salió tambaleándose del almacén y corrió hasta el lugar en donde tenía escondidas las monedas de plata que ella le había regalado. Las bolsas estaban allí, pero cuando buscó en su interior descubrió que se habían licuado para convertirse en aguas fétidas, que empaparon sus manos. Entonces se precipitó hacia el armario de su esposa, para encontrarse con que todos sus vestidos nuevos habían desaparecido, junto con todo lo demás que había adquirido con aquellas monedas. Lo mismo había sucedido con todas las mejoras que habían hecho en la posada. Nunca habían sido más que una ilusión, lo mismo que los sirvientes, que pertenecían al séquito de la Reina de Saba. Y el hombre y su mujer se quedaron tan pobres como antes de que él conociera a la Reina de Saba, sólo que esta vez su situación era mucho más terrible.


Howard Schwartz
Traducido del inglés por Nozick.







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Fuentes:


  • The Queen of Sheba. From "Lilith's cave. Jewish tales of the supernatural." 1988. Copyright: Howard Schwartz.