viernes, 4 de noviembre de 2016

Alcàsser. Miriam.




Si Desirée era divertida y vital, en contraste con las más soñadora Toñi, Miriam era mística y romántica.

La revista Pronto, en el reportaje que hizo sobre las tres niñas, la describía así: "Tenía catorce años de edad, medía 1,65 de estatura, el color de cabello castaño oscuro y los ojos azules. Llamaba la atención. Su afición favorita era el baile, 'bailaba muy bien', dicen sus amigos. Buena prueba de ello son las zapatillas de ballet de color rosa que ocupaban un puesto preferente en su habitación, sobre la cabecera de la cama, junto a un cuadro de una bailarina. Era una niña muy sociable y estaba considerada como una buena alumna. "Nunca nos dio un problema, tenía mucha confianza conmigo, por eso supe desde el primer momento que si no había vuelto a casa era por un motivo ajeno a su voluntad', dice su madre, Matilde. Especialmente duro va a ser para los dos hermanos menores de Miriam, enfrentarse a la realidad, ya que siempre mantuvieron la esperanza de ver a su hermana con vida. Le gustaba vestir de manera informal. Su ropa preferida eran los tejanos. Precisamente el día de su desaparición había elegido un pantalón y una chaqueta de este material para asistir a una fiesta escolar que se celebraba en la discoteca de Picassent."




La madre de Miriam no descarta una huida voluntaria: "Yo no descarto que haya tenido una mala idea, un mal pensamiento, y que se haya ido. ¡Ojalá sea eso, que se hayan ido y que vuelvan pronto!" Miriam mide 1,65, tiene el pelo rubio, los ojos azules y vestía cuando desapareció pantalón y chaqueta vaquera y suéter blanco.

El padre de Miriam se encontraba en la mañana de ayer en el Ayuntamiento de Alcácer a la espera de comunicar con el delegado del gobierno, al que pidió que se movilizara aún más para encontrar a su hija. Fernando García manifestó a LAS PROVINCIAS que "estoy casi seguro de que no ha habido premeditación, mi hija y sus amigas no se han ido de casa. Miriam a las ocho de la tarde del viernes llamó a casa, se puso mi mujer y le dijo que si papá podía llevarlas a la discoteca. Mi mujer les indicó que no fueran y que yo estaba enfermo y no podía llevarlas. Fue esta la última vez que oímos la voz de nuestra hija, se despidió diciendo 'hasta luego' y desde ese momento no hemos sabido nada más."

Apuntaba Fernando que "no creo que la desaparición haya sido una aventura juvenil, pero ojalá sea así y vuelvan muy pronto a casa, donde las estamos esperando."

Con lágrimas en los ojos Fernando decía que "quizá no he dedicado el tiempo necesario a mi hija y no he sabido cómo tratarla, por la falta de tiempo debido a mi trabajo, debía haber sido un mejor padre. Aunque no conozco todo lo que debiera a mi hija, ella es una niña muy sensible, muy abierta y espontánea."

El propio Fernando nos relataba cómo fueron las primeras horas de angustia tras la desaparición de su hija "el primer día no sabía qué hacer, estaba sólo con un grupo de amigos, pero no sabíamos por dónde comenzar la búsqueda. Estuvimos cuatro o cinco horas batiendo zonas, sin embargo no encontramos nada. Durante estos días no he tenido ninguna corazonada."

Miriam tiene dos hermanos: uno de ocho años y otro un año más joven que ella. Su padre, sobre el estado de ánimo de sus hermanos, comentaba que "el pequeño todavía no se ha enterado mucho, sin embargo el mayor lo está pasando igual de mal que su padre o quizá peor. Se siente aún más impotente que yo, pues ve que no puede hacer nada por encontrar a su hermana."

Sobre la posibilidad de que se encuentren en Madrid las tres niñas, el padre de Miriam manifestaba "en la capital de España tenemos familiares, pero a su casa no han ido. Esperamos que sea esa una buena pista."

El padre de Miriam, que actúa como portavoz de las familias afectadas, se declara "atormentado", porque la posibilidad del rapto implica que "pueden estar pasándolo muy mal. Cada minuto de sufrimiento dejaría marcadas para toda la vida a unas crías como éstas -añadió- y eso es algo que te corroe por dentro."

Fernando García advierte, en ese sentido, que "vamos a demostrar a esta gentuza que no es tan fácil hacer desaparecer a tres ciudadanas" y que "ya nos encargaremos de hacer todo lo posible para que paguen lo que han hecho. Ojalá sirva esto para terminar con estas atrocidades", manifestó.

"Era tan bonita por dentro y por fuera. Era muy sensible y sufría por el dolor ajeno. De chiquitina era preciosa. Era el juguete de toda la familia. Mis hermanos tenían sus novias, aún no estaban casados. Todos querían tenerla el fin de semana... Y nosotros éramos  casi  los  que  menos  la  disfrutábamos." Mientras  mirábamos  la fotografía  en  la  que  Miriam  tenía  tres  añitos  le dijimos:  "Es  que  era preciosa. Tiene una carita de esas que te apetece darle mordiscos." Y contesta Fernando: "Y se los daban... y ella decía: 'caíto no... caíto no', que quería decir: bocadito no. Un día estábamos viéndola correr tan llena de vida que mi mujer me dijo: 'No nos merecemos esta hija. Un día le va a pasar algo.'"








«Nació un mes antes de lo previsto, y sólo pesó dos kilos y setecientos gramos al nacer. Eso fue el 28 de julio de 1978, y la inscribimos y bautizamos en Alcàsser. Quise darle el pecho, pero los médicos no me dejaron porque la niña necesitaba ganar peso rápidamente para evitar ponerla en la incubadora...

»El sarampión que pasó de pequeña le duró pocos días, pero le dio muy fuerte, y también tuvo las enfermedades típicas de la infancia... No era una niña traviesa. Le gustó jugar con muñecas hasta muy mayor, pero no tenía ninguna muñeca ni juguete preferido, porque ella a todo le cogía afecto. La dejabas jugando en un sitio y allí se quedaba... Ahora, cuando abro los cajones de su habitación, aparecen las cosas más variadas: papeles, peluches... Todo tenía un significado para ella y no quería tirar nada.»

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«Con su hermano Fernando se llevaba un año, y para que no se sintiera desplazada, yo no quise que fuera a la guardería hasta los tres años, cuando pudieron ir los dos juntos. Aun así, tuvo los típicos celos infantiles de su hermano, y alguna vez, cuando era muy pequeña, me dijo que hubiera querido ser ella sola, pero todo eso ya lo había superado al final, y cuando se le pasaron los celos, a su hermano Martín lo trató con mucho cariño y él también se acuerda mucho de ella. Recuerda, sobre todo, un día en que se habían quedado solos en casa, y Fernando, el hermano mayor, le estaba pegando al pequeño. Entonces Miriam, que se estaba duchando, salió del baño, cogió a Martín y se lo metió dentro... En el colegio ingresó a los cuatro años, y nunca sintió predilección por ninguna asignatura en concreto. Estudiaba porque tenía que hacerlo, pero no porque le gustara... Ésa es la verdad.»

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«Tampoco era muy deportista. Le gustaba el ballet porque lo hizo desde los cinco años, y en la casa solía poner música en el tocadiscos, pero no estridente ni muy alta... No le gustaba mucho leer, ni la televisión; pero sí escribir, prefería meterse en su habitación a oír música y escribir. Escribía mucho, pero también era voluntariosa para ayudar en la casa, y, aunque más bien tímida, también sabía ser muy cariñosa y muy comunicativa. Conmigo se pasaba muchos ratos hablando y me lo contaba todo. Tenía una gran sensibilidad... No sólo he perdido a una hija, sino también a una amiga.»

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«En una ocasión llegó a casa y me dijo: "No me digas que no, por favor." Y me enseñó tres pollitos que traía envueltos en una camiseta. Los criamos, pero tuvimos que regalarlos cuando se hicieron grandes porque vivimos en un piso. Por eso no la dejábamos tener animales...»

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«La primera comunión la hizo en Alcàsser con su hermano. Fuimos a Valencia a comprarle el vestido. Ella quería uno con encajes y puntillas de mucha fantasía, pero yo le dije que sería mejor otro más sobrio, aunque costara más dinero, y ella lo entendió... No es que fuera una niña religiosa, quizá porque no veía mucha religiosidad en casa, pero en el colegio sí daba religión... Un día llegué a casa y me encontré con que habían llamado a la puerta los Testigos de Jehová. Ella les abrió y ellos le ofrecieron un libro para que se lo quedara y les pagara la voluntad. Miriam me consultó qué debía hacer y yo le dije que decidiera por sí misma, y al final se quedó con el libro y estuvo leyéndolo los últimos días de su vida...»

«Miriam se preocupaba mucho por todo. Sufría por lo que les pasaba a otros. Por eso decía que quería ser enfermera, para poder ser útil y ayudar a los demás.

»Cuando empezó a estudiar en el Instituto de Formación Profesional, se sentía un poco aislada y sola porque no conocía a nadie en su clase.

»Entonces, para ayudar a los alumnos a conocerse entre ellos, los profesores del Instituto organizaron una acampada y fui a buscarla de vuelta a la estación de Valencia. Eso sería una semana antes de desaparecer. Yo estaba de espaldas a donde venían ellos, y ella se acercó por detrás y me dijo: "Mamá, que estoy aquí." Y me abrazó y me besó. Estaba muy contenta, se veía que lo había pasado muy bien con sus compañeros. "Mamá, ¿me quieres?", me preguntó. Yo le contesté: "Te quiero mucho, hija mía." Y entonces me dijo: "Pues cómprame una moto." Estaba loca por tener una moto, porque tenía que viajar todos los días al Instituto, y volver, en autobús. A mí me daba mucho miedo la moto, pero si se la hubiésemos comprado a lo mejor se hubiera evitado lo que le pasó...»

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«Un día, poco más de dos meses antes de desaparecer, cuando bajaba del ascensor, se apagó la luz y apareció un hombre vestido de negro, con guantes y un pasamontañas, que estaba oculto en el hueco de la escalera. Mi hija se llevó un buen susto, pero reaccionó bien. Le lanzó la bolsa de la basura a la cara, salió corriendo a la calle y nos llamó desde una cabina telefónica para que bajásemos.

»Yo creo que se trataba de un ladrón, porque era en fiestas y, aparte de nosotros, no quedaba nadie en el inmueble. Debió ser alguien que estaba esperando que saliéramos para entrar a robar... Pero lo curioso fue que unos días después, Miriam bajaba del ascensor cuando también se apagó la luz y un perro se le metió entre las piernas. Era el perro de una vecina, que se había escapado; pero Miriam tuvo suficiente serenidad de ánimo como para encender la luz y darse cuenta de que se trataba de ese perro...»

«A pesar de estos detalles, era miedosa. Dormía sola, pero su habitación estaba muy cerca de la nuestra. Lo hicimos por esa causa... Si algún día se tenía que quedar sola por lo que fuera, o bien se bajaba a casa de la vecina, o se encerraba en su habitación y se ponía música... Yo no soy miedosa y ella tenía miedo de todo. A mí sólo me dan miedo los bichos, pero cuando estoy en casa no tengo miedo de nada.»

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«Le gustaba mucho vestirse de fallera... y ponía una cara... cara-palo, que decía yo. Tengo un vídeo en el que le digo: "No pongas cara rara..." Se ponía muy seria y yo a veces me enfadaba: "¿Por qué te pones tan seria, con la ilusión que tienes de ser fallera...?" Quizá fuera un poquito de vergüenza, timidez o algo... Fue fallera cuatro o cinco años, de mayor, y también cuando era muy pequeñita. La falla de Miriam se hacía una semana después de San José, y es una falla de barrio, un poco especial, muy típica del pueblo.

»Cuando desapareció, yo pensé: cuando aparezca será fallera. Eso sí le hacía mucha ilusión, y por eso quise que la enterraran con el vestido de fallera...»

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«El último año que estuvo en el colegio hicieron un par de festivales destinados a recoger dinero para los actos de fin de curso, y se fueron al Pirineo catalán en viaje de estudios. En ese viaje no fue con Desi porque, aunque eran de la misma edad, Desi repetía curso. De Desi tiene una frase escrita en una de las libretas, que no sé si será de algún escritor. Pone: "Ni el tiempo ni el lugar romperán jamás nuestra amistad." Muy bonita ¿no le parece...? En cuanto a Toñi, la conoció en el año noventa pero le caía muy bien...»

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«Ahora estoy muy preocupada por Fernando, mi marido, que se pasa el día recogiendo firmas para que las leyes sean mejores contra los violadores y los asesinos... Yo todavía no me he hecho a la idea de que mi hija se ha muerto... No puedo quitármela de la cabeza. Me imagino que cuando se sufre mucho, uno llega a perder la sensación del dolor, porque si no, el dolor nos mataría...

»Eso es lo que me está pasando. Eso y tener la impresión de estar viviendo un sueño, de que todo es irreal y ella va aparecer en cualquier momento para decirme: "Mamá, ¿me quieres...?"»




A veces vienen preguntando los periodistas y no sé qué decirles. Preguntan que cómo eras, ya ves, y yo estoy a punto de callarles muchas cosas, pero luego pienso que es mejor callar lo más importante, eso que sólo yo sé de ti desde que eras una niña y te acunaba en mis brazos, estos brazos que ahora siento fríos y sin fuerza, como si fuesen los de una muñeca rota desde aquella llamada de Ricardo, el alcalde, para una reunión de las familias en el Ayuntamiento. Esto era justo la noche del 27, cuando en la radio dijeron que habían encontrado tres cadáveres cerca de la presa de Tous... Y cuando supe que eras tú, se me cruzó una nube que me dejó la cabeza en blanco, y luego, poco a poco, empecé a oír y a escuchar, y tardé mucho tiempo en gritar: ¡Asesinos! ¡Asesinos!, porque no podía abrir la boca. Era como cuando en los malos sueños están a punto de matarte y no ruedes moverte, ni puedes hablar, y sabes que tienes que pedir socorro; pero te es imposible articular las palabras... Pero eso fue después, porque yo fui la que más tardé en aceptar que fueras tú uno de los tres cuerpos que habían encontrado enrollados en la fosa. Yo no dormí esa noche. La pasé sentada en el sofá, con mucha gente alrededor que no sabía qué hacer para consolarme. Recuerdo que a ratos, me abrazaba a tu retrato y repetía como una pobre loca que no eras tú, que no podías ser tú... Ya muy tarde, como a eso de las once, Granados, el delegado del Gobierno, nos llamó a los familiares, y el hombre no nos quería decir ni que sí ni que no; pero por la cara y por algunas palabras que se le escaparon se traslucía que erais vosotras... Cuando se hizo de día, tus tíos Juan Carlos y Ernesto fueron a Valencia, al Instituto Forense, para identificar tus objetos personales; y vinieron destrozados dos horas más tarde, como si hubiesen visto un espíritu. En cuanto llegaron a casa les hice muchas preguntas, y hubo una respuesta que me convenció de que tú eras la muerta; fue cuando les pregunté si les habían enseñado el corazoncito nacarado y la cruz de Caravaca, esa cruz plateada símbolo de la salud que te regalamos y que tanto te gustaba llevar al cuello como un amuleto...

Ni me dejaron ver tu cadáver... Quiero ir a verla, les grité. Soy su madre y no pueden impedirlo; en cuanto venga mi marido Fernando iremos a ver a mi hija, pero no me hicieron ni caso. Es una pena muy grande que me ha quedado, Miriam, no haberte podido ver en el ataúd. Por muy desfigurada que te hubiesen dejado, para mí seguías siendo mi niña, y hubiese sido mejor eso que enterrarte sin haber visto en qué estado te has ido al otro mundo, ese mundo en el que pronto —porque la vida, hija, pasa muy deprisa— me reuniré contigo para consolarte y darte besos, como cuando eras pequeñita; y esta vez ya no nos separaremos nunca ni dejaré que te vayas por ahí sola ni que nadie venga a hacerte daño...


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Tu padre llegó el 28 de enero a las dos y cuarto de la tarde de Inglaterra, donde había estado hablando con esa policía tan buena que tienen ellos, y tus tíos fueron a buscarle al aeropuerto. Cuando llamó al timbre de casa fui a abrirle y me abracé a él llorando. Le vi tan cansado y tan triste que me dio mucha pena, y todos los que estábamos en la casa nos quedamos sin saber qué hacer ni qué decir, con un nudo en el estómago; lo único que hacíamos era llorar, y oí a uno de tus tíos vocear: que nos traigan a los asesinos, que los mato. Algún familiar, no recuerdo quién, se me acercó en esos momentos para decirme que el entierro se celebraría cuanto antes para acabar con la pesadilla, pero ni siquiera teníamos vuestros cuerpos, que estaban todavía en el forense de Valencia. Fueron órdenes, me dijeron, del médico que te hizo la autopsia. Sólo uno de tus tíos pudo entrar a verte, y salió llorando. Le oí que le decía a tu padre que estabas muy negra y muy pequeñita, como si te hubiesen achicharrado con fuego... Imagínate, si no me dejaron verte, mucho menos permitieron que te vistiera con el traje de fallera con el que tan feliz te vieron en todo el pueblo.

Lo intenté varias veces y siempre me decían que no. Pero Alcayna vino más tarde y me dijo que le diera el vestido, que él había hablado con los médicos y que se podía arreglar. Pienso, porque no soy tonta, que a lo mejor fue un pretexto para que yo dejase de dar la lata, pero el caso es que estoy segura de que metieron el vestido de fallera dentro de la caja, y así por lo menos lo tendrías contigo para siempre. Porque ¿para qué lo quería yo?


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Todo sigue igual en tu habitación, que ya nunca volverá a cambiar. Los mismos muebles de pino, tus zapatillas de ballet a la cabecera de la cama y los pósters en las paredes con escenas de danza, la cara de Nacho Duato, y ese letrero grande que tanto te gustaba y que decía que la danza es arte.

Esa habitación va a quedar siempre así, como quedarán en mis oídos, repitiéndose hasta que se acabe todo, las palabras que le dijiste ese viernes a tu hermano Fernando cuando él estaba haciendo los deberes y tú te marchabas. Yo oí muy bien como él te preguntaba si ya te marchabas y tú le dijiste que te ibas un ratito a los recreativos con las amigas; y cuando él te volvió a preguntar si ibas a la discoteca, tú le contestaste que no, que no tenías idea de ir, y luego le dijiste adiós, y yo me quedé tranquila porque no sé, ese día tenía como un mal presentimiento, y al saber que no ibas a COOLOR me quedé sosegada por dentro como cuando dejas arreglado algo que te estaba preocupando. Pero unas horas después, me volvió la intranquilidad cuando llamaste por teléfono y me pediste que le dijera a tu padre que os llevara a la fiesta de la disco.

Y tu padre había llegado ese día muy cansado de trabajar, con algo de gripe, y me dijo que no podía llevarte, y que además ya era muy tarde, casi las ocho, y que tenías que estar a las nueve y media en casa, como todos los días, y yo supe que te quedabas contrariada; pero imaginé que era mayormente por tus amigas, y que tú tampoco tenías mucho interés en ir porque si no me lo habrías dicho. Y eso sí que fue desgracia, que la única vez que tu padre no quiso llevarte... pero no se lo he querido recordar nunca porque el pobre ya tiene bastante con lo que lleva a cuestas...

[...]

Porque te gustaba mucho escribir, hija mía, ya lo sabemos, y escribías muy bien, y a los que escriben les hace ilusión que otros les lean. Por eso se escriben mayormente los libros.

[...]

¿Te acuerdas, Miriam? Cómo no te vas a acordar... Seguramente, si me oyes, te gustará recordar lo que escribiste en valenciano de la paz...

¿Por qué hay guerras en el mundo? ¿Por qué? ¿Por qué tienen que morir personas que no hacen mal a nadie? ¿Por qué morir tan joven? ¿Por qué se tiene que acabar el mundo? ¿Por qué tiene que terminar la vida de miles y miles de niños que asoman sus caras alegres? Hay gente que no comprende a los demás, que no comprende lo que vale el mundo, que no comprende lo que vale la vida de una persona. ¿Por qué acabar con el mundo si es tan bonito vivir...? Hay gente que sólo quiere jugar y no comprenden que si ayudaran a otros sería todo más bonito... Paz al mundo. Fuera las guerras del mundo.

Demasiadas preguntas te hacías, hija mía, y mira cómo te respondió el mundo. Tú que creías que el mundo era tan bueno, y que las personas valían mucho y debían de ayudarse unas a otras. Ya ves. ¿Por qué te crees que tu padre y yo te vigilábamos tanto y te obligábamos a estar pronto en casa? No era por capricho, pero los mayores sabemos que no todo es tan bueno en el mundo, Miriam, que eso, que lo malo nos rodea, lo sabías tú también y yo te lo he visto escrito; pero no se puede ser tan impresionable ni tener un corazón tan grande como el cielo, porque entonces llevas las de perder cuando se te aparece el mal, como se te apareció a ti ese día... Y qué sola te has quedado ahí, en ese nicho, tú que pensabas que el amor en la tierra nunca te abandonaría.

También lo escribiste...

Pasa el tiempo y la gente cambia de pensamientos. Sé escribir poemas de amor. Sinceros. Poemas muy tristes y románticos. Sé pensar en el chico al que quiero y al que dedico estos poemas. Los escribo por él. Cuando escribo pensando en él no hay quien me cambie de pensamiento... En la vida hay algo bueno y algo malo. Lo malo siempre lo tenemos alrededor, debajo de la cama, dentro del armario, dentro de los cajones y detrás de las cortinas. Arriba y abajo. Pero lo bueno siempre desaparece, y cuando aparece siempre es lo último, y acompaña a la maldad y no a la felicidad. ¿Qué más podría contar con tranquilidad? Nada que no sepa. Que el amor siempre estará aquí y nunca nos dejará.

Y esta otra nota que dejaste... ¿Por qué estabas tan triste, hija? ¿Qué te había pasado? Debió de ser por lo de Lean, pero yo ya te dije que aquello te lo tomaste demasiado en serio, y que no tenías que haber dado tantas confianzas a ese chico. Hecha polvo debías de estar para decir esa monstruosidad de que deseabas la muerte rápida... Si hasta parece que tenías premoniciones, como si algún mal espíritu te hubiera hecho caso cuando lo escribiste...

La vida pasa deprisa para algunos. Pero mi corazón llora y muere de tristeza. Al verme en un error de la vida deseo la muerte rápida...

La de horas que te pasabas escribiendo en tu habitación, y cuántas vueltas debiste de darle a ese primer amor que se te metió en la cabeza... Con tu madre no tenías problema y me lo podías haber dicho, pero al repasar tus notas, cuando vino ese periodista, he comprendido lo infeliz que fuiste cuando tus ilusiones quedaron rotas; y todo por empeñarte en salir con Lean, que ahora está haciendo la mili y el otro día, ya lo vi, te dejó flores en la tumba por tu cumpleaños. Si comprendo bien lo que escribiste, yo creo que al principio os llevasteis bien, pero luego dejasteis de quereros...

La única que nos contemplaba era la luna, testigo mudo de todo lo que allí pasaba. Fue muy bonito después de pasar tanto miedo y despertar al deseo, su encanto cubrió mi cuerpo...

Me has llamado, me has preguntado. He colocado una flor de jazmín en tus manos. La has apretado y se ha escuchado el suspiro de la flor que allí murió. He encontrado un pájaro abandonado y te lo he regalado. Sin canto lo has dejado. Un poema de vida te he enviado... Tú no escuchas la vida, no la vives ni la sientes. Has destrozado una flor, un canto, una carta y un corazón aún enamorado...

Un cisne en un lago y una noche estrellada. Un aire inquieto se mueve de un lugar a otro. Tus pensamientos se hunden en un mar de mentiras. Tu pelo te cubre la espalda y tus ojos se nublan como los espejos empañados. Tus labios me sonríen una sonrisa falsa. Tu fina voz me habla. Me doy cuenta de tu belleza y no puedo escuchar tus palabras. Me arrepiento de mentirte, pero no de amarte. Me hundo en un charco y sonríes sin más... Y te despides.

Tus lágrimas empaparon mi camisa. Mi foto colgaba en la pared, y tu mirada fijada en ella cada minuto que pasaba... Era un infierno para ti, y tú pensabas qué era lo que me habías hecho, tú a mí, para que yo te hiciera tanto daño... Tus ojos se nublaron y tus labios echaban de menos los míos. En ese momento odiaba la vida. Tu pena cubría la habitación como una sombra que la noche hacía más larga y pesada...

Si quieres que te diga la verdad, estas notas tuyas también a mí me ponen muy triste, y yo sé que cuando las escribías tenías que estar pasándolo muy mal, y eso no me lo dijiste nunca, y yo era tu madre y hubiera debido saberlo. Pero no creas que te estoy regañando, filla.

¿Cómo te iba yo a regañar por nada, si vivieras, después de lo que te ha pasado? ¿Te acuerdas de lo que me dijiste aquel día en la estación? Te quiero mucho, mamá. Y yo a ti también, hija, te contesté, y me hiciste que se me cayera la baba de alegría al decírtelo...

Aquí te he traído tres poemitas que he encontrado entre tus papeles; uno, ese que habla de China y Japón, fue el que le dedicaste a tu amiga Amparo, y hay otro que no tenías que haberlo escrito, porque, hija, no me digas que estuvo bien eso del guantazo.

Había pensado en meterlo en un sobre pequeño, y dejártelos al pie del nicho, escondidos debajo de una piedra; pero luego he pensado que quizá podría pasar alguien por esta calle del cementerio y descubrirlos, y eso no me gustaría porque sería como si nos hubieran roto un secreto que teníamos entre las dos, así es que también te los voy a leer; y seguro que a lo mejor hasta te reirías al escucharlos, si pudieras...


Dos recuerdos tengo de ti
Uno alegre y otro triste
El beso que yo te di
y el guantazo que me diste.
Aunque vayas a la China
Aunque vayas a Japón
Siempre tendrás una amiga
Que te quiera como yo.
Te digo
que te diré
sólo una cosa:
recuérdame.

La que bien te recordó, Miriam, fue tu abuela, que en el programa que hizo Nieves Herrero en televisión apenas podía hablar de dolor; pero no se calló, no, y les dijo a los de los derechos humanos, que tanto defienden a los delincuentes y a los criminales, que hicieran con ellos lo mismo que ellos hicieron con vosotras, y que no había derecho...


--- OOO ---

Ahora me voy, Miriam, y mañana vendré otro ratito a verte... Cuánto me pesa saber que sufriste tanto por esas cosas de Lean, que la vida te hubiera enseñado, de haber vivido un poquito más, que tampoco eran tan importantes, porque tú eras muy joven, y a esa edad la vida te va escarmentando rápido y lo que se te figura importante, al día siguiente ya no lo es, y las preocupaciones se van como vienen y se olvidan... Y eso es lo que tú hubieras hecho, casarte con un buen chico que no te hubiera hecho sufrir, tener muchos hijos y vivir, sobre todo vivir, que es lo que no te han dejado...





Fuentes:



  1. Fernando Martínez Laínez. Sin Piedad. Editorial: Ediciones B. Noviembre 1983. I.S.B.N.-10: 8440641788. I.S.B.N.-13: 9788440641786. Nº Págs: 256.
  2. Magdalena del Amo Freixedo. El asesinato de las niñas de Alcácer. Bell Book.
  3. Diario de Valencia. Miércoles, 2001.11.14.
  4. Revista "Pronto". 28 de enero de 1993.
  5. Prensa local de la época.
  6. Tchaikovsky. El lago de los cisnes. Op. 20.  Finale. Sawallisch, 2003.

17 comentarios:

Anónimo dijo...

Cómo impresiona leer las palabras de la buena de Matilde citando a su vez a Miriam. Esa mujer ya no volvió a vivir y murió de pena. Cómo contrasta su cara con las de otras madres, alguna británica y otra muy actual, eh?

Saludos, K

Anónimo dijo...

Excelente artículo, un bonito homenaje el de recordar cómo era esta niña. En un vídeo de un programa de televisión, FG le cuenta a Concha Velasco cómo fueron las últimas horas que pasó con ella antes de desaparecer. Estaría bien transcribirlo e incorporarlo a este artículo.

Enhorabuena por la web, toda una referencia para aquél que quiera conocer con más profundidad este caso, al igual que otros muchos que han ocurrido dentro y fuera de España a lo largo de la historia hasta nuestros días.

N. Nozick dijo...

Saludos cordiales.

N. Nozick dijo...

Muchas gracias por su comentario. La narración de Fernando sobre las últimas horas que pasó con su hija está transcrita en el siguiente post:

http://lawebdelassombras.blogspot.com.es/2013/03/miriamtoni-y-desiree-no-iban-coolor.html

No la he incluido en éste artículo para no hacerlo demasiado largo.

Saludos cordiales.

Anónimo dijo...

El artículo es precioso, pero nuevamente me llena de tristeza.
Pero ¡qué guapa era Miriam! ¿Os habéis fijado en su rostro? Es que es guapa con avaricia. Que pena que te hayas marchado Miriam.
Del texto, me ha sobrecogido el párrafo que dice que era miedosa y me imagino la situación que vivió secuestrada, quizás fue mayor el pánico de verse apresada que el sufrimiento físico que le hicieron.
Más aún pensar que fue la última en morir, y que estuvo tantos días a merced de unos salvajes.
Ni siquiera me sale odio ni deseos de que maten a los asesinos. Ya ¿para qué? No nos devolverán a Miriam.
Solo me imagino que sus asesinos no van a poder conciliar el sueño nunca más, porque la sangre inocente que han derramado les va a pesar en su conciencia el resto de sus vidas.
Que pena Miriam que te marchaste ...
Nozick muchas gracias por este artículo. Nunca me cansaré de que escribas sobre el crimen de Alcasser y sobre todo que nos hagas partícipes de tus investigaciones.
Gracias Nozick.

N. Nozick dijo...

Gracias a ti. Mucha, muchísima pena por las tres.

Anónimo dijo...

Estoy seguro que los asesinos duermen mejor que usted y que todos nosotros. Gentuza hasta el final.

Anónimo dijo...

Gracias, Nozick. Duele leer la serie de tres artículos tuyos, sentirlas reales, vivas.
No hay peor choque de realidad que éste para los que seguimos el caso. Daremos vueltas y más vueltas alrededor de nombres, lugares, momentos, motivaciones, situaciones X o Y, pero ellas trascienden todo ese maremágnum de palabras escritas a lo largo de 24 años.
Un fuerte abrazo.

N. Nozick dijo...

Otro para ti.

Anónimo dijo...

Muy deacuerdo con este ultimo comentario. Un defecto que tenemos la gente corriente es proyectar características tipicamente humanas en seres inmundos. La empatía no existe para estos psicópatas. Son serpientes vestidos de traje.

Anónimo dijo...

"la verdad, la justicia, y la reparación" (reparación del daño, a la familia a la sociedad etc) es el mejor homenaje a las víctimas, y en este país hay demasiadas. Hubo un genocidio aún completamente impune. De aquella impunidad viene esta incapacidad para resolver estos crímenes.
gracias a vosotros por estar ahí..

Anónimo dijo...

Supongo que este texto es novelado, no una reproducción textual de las palabras de la madre de Mirian.Me ha sorprendido mucho que se menciona que la niña llevaba puesta una cruz de Caravaca, cuando se ha dicho por activa y por pasiva que la cruz que se encontró en la segunda autopsia no era de ninguna de las niñas.
Un saludo y gracias por tus post.

N. Nozick dijo...

Muchas gracias a usted y saludos cordiales.

Anónimo dijo...

Nozick, pero entonces en qué quedamos: la cruz de caravaca la llevaba Miriam o en realidad es puesta por los chantajeadores en forma de mensaje??

N. Nozick dijo...

Parece que Martínez Laínez novela un poco. Probablemente su fuente en el tema de la cruz de Caravaca sea la página 20 de la edición del viernes 29 de enero de 1993 del diario "Las Provincias", que contenía un artículo titulado "Todo Alcácer está seguro de que los asesinos eran conocidos de las tres jóvenes halladas muertas", en donde se decía:

"... Lean, el novio de Miriam, comparte esta opinión. Había participado durante 4 jornadas en la búsqueda de las menores, y la falta de éxito le hizo pensar desde el primer momento lo peor. Ayer por la tarde fue a visitar a los padres de su novia. Entre los objetos que permitieron la identificación del cadáver de Miriam se encontraba un corazón que le había regalado meses atrás. También llevaba al cuello la cruz de Caravaca que sus padres le compraron. Los autores del triple asesinato no quitaron de los cuerpos los objetos de valor..."

Anónimo dijo...

Muchos animos N. Nozick y compañia y no dejes de imformar sobre este caso (pobrecitos angeles las niñas) del que cuanto mas voy viendo y leyendo menos creo en la versión oficial y mas pena me da todo lo que tuvierón que sufrir esos angeles, ojala algun dia se sepa toda la verdad y paguen por esas barbaridades que no se las deseo ni al peor de mis enemigos. Un beso al cielo para esos dulces angeles a los que nunca olvidademos.

Anónimo dijo...

Pobres angelitos,y malditos asesinos que se fueron de rositas.si tirais de hemeroteca podeis comprovar que fueron detenidos ...pero por algun motivo se libraron.muy curioso este caso.saludos