martes, 27 de mayo de 2014

Caperucita roja. Un cuento de terror.




Todos hemos leído el cuento y, además, seguro que nos lo han contado nuestros padres antes de quedarnos dormidos. Pero... ¿cuál de las versiones?





Aunque podría haber precedentes (Fecunda ratis, de Egberto de Lieja, en el siglo XI), la versión original, transmitida por tradición oral en la región francesa del Loira, era más o menos así:


Había una vez una niñita a la que su madre le dijo que llevara pan y leche a su abuela. Mientras la niña caminaba por el bosque, un lobo se le acercó y le preguntó adonde se dirigía.

– A la casa de mi abuela, le contestó.
– ¿Qué camino vas a tomar, el camino de las agujas o el de los alfileres?
– El camino de las agujas.

El lobo tomó el camino de los alfileres y llegó primero a la casa. Mató a la abuela, puso su sangre en una botella y partió su carne en rebanadas sobre un platón. Después se vistió con el camisón de la abuela y esperó acostado en la cama. La niña tocó a la puerta.

– Entra, hijita.
– ¿Cómo estás, abuelita? Te traje pan y leche.
– Come tú también, hijita. Hay carne y vino en la alacena.

La pequeña niña comió así lo que se le ofrecía; mientras lo hacía, un gatito dijo:

– ¡Cochina! ¡Has comido la carne y has bebido la sangre de tu abuela!

Después el lobo le dijo:

– Desvístete y métete en la cama conmigo.
– ¿Dónde pongo mi delantal?
– Tíralo al fuego; nunca más lo necesitarás.

Cada vez que se quitaba una prenda (el corpiño, la falda, las enaguas y las medias), la niña hacía la misma pregunta; y cada vez el lobo le contestaba:

– Tírala al fuego; nunca más la necesitarás.

Cuando la niña se metió en la cama, preguntó:

– Abuela, ¿por qué estás tan peluda?
– Para calentarme mejor, hijita.
– Abuela, ¿por qué tienes esos hombros tan grandes?
– Para poder cargar mejor la leña, hijita.
– Abuela, ¿por qué tienes esas uñas tan grandes?
– Para rascarme mejor, hijita.
– Abuela, ¿por qué tienes esos dientes tan grandes?

- Para comerte mejor, hijita. Y el lobo se la comió.






Caperucita se encuentra con el lobo -el símbolo cristiano del diablo- y va a ver a su abuela por el camino difícil -el de las agujas-, mientras que el lobo va por el camino fácil -el de los alfileres- y llega antes. Un símbolo de la inminencia de la pubertad: llegada cierta edad, las niñas de la zona tenían que aprender a coser. También era un rito iniciático ancestral la confección de bollos y panes sagrados como ofrenda para los dioses (¿y también para los antepasados, los dioses manes, lares y penates?) y llevarlos en cestas durante las procesiones de los sacrificios. Pero en el cuento, el primer sacrificio es el de la abuela, una "antepasada". Y la iniciación de Caperucita es un ritual caníbal en el que consume la carne y la sangre de su abuela. Nada volverá a ser igual. En un segundo ritual, Caperucita se desnuda y quema cada prenda. Otro simbolismo de cambio, nunca más volverá a necesitar sus antiguas ropas, su anterior forma de ser y de sentir. Lo que va a suceder la cambiará para siempre.

Cuando se mete en la cama con el lobo hace un nuevo descubrimiento. Nada en el cuerpo que ve es como esperaba que fuera. Algo va mal... Pero ya es demasiado tarde.

No es una historia para advertir a los niños que en el bosque hay lobos que pueden devorarles. La niña pasa por dos rituales, el primero caníbal, el segundo sexual y es devorada en una cama. ¿Qué pasó en realidad en aquél bosque del Loira donde antes podían jugar los niños sin ningún temor? Debió ser algo tan horrible que generó una historia que había que contar a todos los niños, por su bien. O un único hecho espeluznante o una sucesión de crímenes terribles cuyas víctimas eran niñas de la zona.





Hay docenas de versiones del cuento. Una de ellas, que contiene nuevos elementos morbosos, fue recogida por Paul Delarue:


EL CUENTO DE LA ABUELA

Había una mujer que acababa de cocer pan. Le dijo a su hija: 

- Ve a llevarle esta hogaza calentita y esta botella de leche a tu abuelita. 

Y la niña partió. En la encrucijada se topó con un bzou, (un hombre lobo), que le dijo:

- ¿Adónde vas?. 
- Le llevo esta hogaza calentita y esta botella de leche a mi abuelita. 
- ¿Qué camino tomarás? – le preguntó el bzou- ¿el de las agujas o el de los alfileres?
- El camino de las agujas, le dijo la niña. 
- Vale, entonces yo tomaré el de los alfileres. 

La pequeña niña se distrajo recogiendo agujas. Mientras tanto, el hombre lobo llegó a la casa de la abuela, la mató y puso un poco de su carne en la despensa y una botella de su sangre en el estante. La niña llegó y llamó a la puerta.

- Empuja- dijo el bzou- está cerrada con paja mojada. 
- Buenos días, abuelita. Te traigo una hogaza calentita y una botella de leche.
- Ponlo en la despensa, mi niña. Coge la carne que está allí, y bebe de la botella de vino que hay sobre el estante.

Mientras ella comía, un pequeño gato decía: 

¡Que puerca! Se come la carne de su abuela y se bebe su sangre.

- Desvístete, mi niña- dijo el hombre lobo- y échate aquí, junto a mí.
- ¿Dónde dejo el delantal?
-Tíralo al fuego, mi niña, ya no te va a hacer ninguna falta.

Y cada vez que le preguntaba dónde dejaba todas sus otras prendas, el corpiño, el vestido, las enaguas, las largas medias, el bzou respondía:

-Tíralas al fuego, mi niña, no las necesitarás nunca más.

Cuando se tumbó en la cama, la niña dijo:

- Ay, abuelita, ¡qué peluda eres!
- Así no paso frío, mi niña.
- Ay, abuelita, ¡qué uñas tan largas tienes!
- Así me rasco mejor, mi niña.
- Ay, abuelita, ¡qué hombros tan anchos tienes!
- Así puedo cargar la leña para el fuego, mi niña.
- Ay, abuelita, ¡qué orejas tan grandes tienes!
- Así te oigo mejor, mi niña. 
- Ay, abuelita, ¡qué agujeros de la nariz tan grandes tienes!
- Así aspiro mejor el aroma de mi tabaco, mi niña.
- Ay, abuelita, ¡qué boca tan grande tienes!
- Es para comerte mejor, mi niña. 
- ¡Oh abuelita, me he puesto mala¡ Déjame salir.
- Mejor háztelo en la cama, mi niña.
- Ay, no, abuelita, quiero ir fuera.
- De acuerdo, pero no tardes mucho.

El bzou le ató un cordón de lana al pie y la dejó salir. Cuando la niña estuvo fuera, ató el cordón a un ciruelo que había en el jardín. El hombre lobo se impacientó y dijo:

- ¿Estás haciendo mucho? ¿Estás cag....? 

Cuando vio que no le respondía nadie, salió de la cama de un salto y vio que la niña había escapado. La siguió pero llegó a su casa justo cuando ella cerraba la puerta tras de sí, poniéndose a salvo.


Como vemos, se ha añadido una parafilia. El lobo le pide a la niña "que se lo haga en la cama". Y ahora es un bzou, que no un hombre lobo convencional. Un bzou es un humano presa de incontenibles deseos perversos, que le han hecho asumir la forma de una bestia. Pero no le afectan las fases de la luna ni puede cambiar a voluntad su forma de hombre a bestia y a la inversa, sino que siempre mantendrá su apariencia hasta que satisfaga sus enfermizos impulsos -una irrefrenable atracción por vírgenes adolescentes- durante un plazo determinado. ¿Era para niños esta primitiva versión del cuento?






Charles Perrault nació en París, Francia, el 12 de enero de 1628. En 1671 fue nombrado académico, al año siguiente ya era canciller de la Academia y, en 1673, su bibliotecario. En 1697 publicó Le petit chaperon rouge, su versión edulcorada del cuento, en la que suprime el ritual de canibalismo y la parafilia escatológica, añadiendo una moraleja o advertencia, para que las niñas tuvieran bien claro el significado del cuento. En las versiones primitivas de la fábula no existe mención alguna a la caperuza roja y, de hecho, la protagonista es la abuela. De modo que fue Perrault el que tituló la fábula con su nombre actual:


Había una vez una niñita en un pueblo, la más bonita que jamás se hubiera visto; su madre estaba enloquecida con ella y su abuela mucho más todavía. Esta buena mujer le había mandado hacer una caperucita roja y le sentaba tan bien que todos la llamaban Caperucita Roja.

Un día su madre, habiendo cocinado unas tortas, le dijo.

-Anda a ver cómo está tu abuela, pues me dicen que ha estado enferma; llévale una torta y este tarrito de mantequilla.

Caperucita Roja partió en seguida a ver a su abuela que vivía en otro pueblo. Al pasar por un bosque, se encontró con el compadre lobo, que tuvo muchas ganas de comérsela, pero no se atrevió porque unos leñadores andaban por ahí cerca. Él le preguntó a dónde iba. La pobre niña, que no sabía que era peligroso detenerse a hablar con un lobo, le dijo:

-Voy a ver a mi abuela, y le llevo una torta y un tarrito de mantequilla que mi madre le envía.
-¿Vive muy lejos? -le dijo el lobo.
-¡Oh, sí! -dijo Caperucita Roja-, más allá del molino que se ve allá lejos, en la primera casita del pueblo.
-Pues bien -dijo el lobo-, yo también quiero ir a verla; yo iré por este camino, y tú por aquél, y veremos quién llega primero.

El lobo partió corriendo a toda velocidad por el camino que era más corto y la niña se fue por el más largo entreteniéndose en coger avellanas, en correr tras las mariposas y en hacer ramos con las florecillas que encontraba. Poco tardó el lobo en llegar a casa de la abuela; golpea: Toc, toc.

-¿Quién es?
-Es su nieta, Caperucita Roja -dijo el lobo, disfrazando la voz-, le traigo una torta y un tarrito de mantequilla que mi madre le envía.

La cándida abuela, que estaba en cama porque no se sentía bien, le gritó:

-Tira de la aldaba y el cerrojo caerá.

El lobo tiró de la aldaba, y la puerta se abrió. Se abalanzó sobre la buena mujer y la devoró en un santiamén, pues hacía más de tres días que no comía. En seguida cerró la puerta y fue a acostarse en el lecho de la abuela, esperando a Caperucita Roja quien, un rato después, llegó a golpear la puerta: Toc, toc.

-¿Quién es?

Caperucita Roja, al oír la ronca voz del lobo, primero se asustó, pero creyendo que su abuela estaba resfriada, contestó:

-Es su nieta, Caperucita Roja, le traigo una torta y un tarrito de mantequilla que mi madre le envía.

El lobo le gritó, suavizando un poco la voz:

-Tira de la aldaba y el cerrojo caerá.

Caperucita Roja tiró de la aldaba y la puerta se abrió. Viéndola entrar, el lobo le dijo, mientras se escondía en la cama bajo la frazada:

-Deja la torta y el tarrito de mantequilla en la repisa y ven a acostarte conmigo.

Caperucita Roja se desviste y se mete a la cama y quedó muy asombrada al ver la forma de su abuela en camisa de dormir. Ella le dijo:

-Abuela, ¡qué brazos tan grandes tienes!
-Es para abrazarte mejor, hija mía.
-Abuela, ¡qué piernas tan grandes tiene!
-Es para correr mejor, hija mía.
-Abuela, ¡qué orejas tan grandes tiene!
-Es para oírte mejor, hija mía.
-Abuela, ¡qué ojos tan grandes tiene!
-Es para verte mejor, hija mía.
-Abuela, ¡qué dientes tan grandes tiene!
-¡Para comerte mejor!

Y diciendo estas palabras, este lobo malo se abalanzó sobre Caperucita Roja y se la comió.

MORALEJA

Aquí vemos que la adolescencia,
en especial las señoritas,
bien hechas, amables y bonitas
no deben a cualquiera oír con complacencia,
y no resulta causa de extrañeza
ver que muchas del lobo son la presa.
Y digo el lobo, pues bajo su envoltura
no todos son de igual calaña:
los hay con no poca maña,
silenciosos, sin odio ni amargura,
que en secreto, pacientes con dulzura
van a la siga de las damiselas
hasta las casas y en las callejuelas;
mas, bien sabemos, que los zalameros
entre todos los lobos, ¡ay! son los más fieros.


¿Por qué va vestida de color rojo en esta versión del cuento? Es el color de la sangre y eso implica dos mensajes: sexo y sacrificio. Sangre derramada por un crimen y por la desfloración ritual de una niña al borde de la pubertad. ¿Era ese el mensaje subliminal de Perrault?




Por fin, llegamos a la versión caramelizada de los Hermanos Grimm, Rotkäppchen, de 1812. Además de utilizar la versión de Perrault, se inspiraron en un cuento de Ludwig Tieck, Leben und Tod des kleinen Rotkäppchens: eine Tragödie (Vida y muerte de la pequeña Caperucita Roja. Una tragedia) y en la amplia experiencia que sobre fábulas tenía la señora Viehmann, de ascendencia francesa.  No hay factores morbosos y el cuento termina bien, el único que muere es el perverso lobo. Porque aparece la figura del cazador, que los salva a todos. Según Zipes, utilizan el final de otro conocido cuento: Los siete cabritillos y el lobo.





Pero vamos con la versión de los Hermanos Grimm:


Érase una vez una pequeña y dulce coquetuela, a la que todo el mundo quería, con sólo verla una vez; pero quien más la quería era su abuela, que ya no sabía ni qué regalarle. En cierta ocasión le regaló una caperuza de terciopelo rojo, y como le sentaba tan bien y la niña no quería ponerse otra cosa, todos la llamaron de ahí en adelante Caperucita Roja.

Un buen día la madre le dijo :

- Mira Caperucita Roja, aquí tienes un trozo de torta y una botella de vino para llevar a la abuela, pues está enferma y débil, y esto la reanimará. Arréglate antes de que empiece el calor, y cuando te marches, anda con cuidado y no te apartes del camino: no vaya a ser que te caigas, se rompa la botella y la abuela se quede sin nada. Y cuando llegues a su casa, no te olvides de darle los buenos días, y no te pongas a hurguetear por cada rincón.
- Lo haré todo muy bien, seguro - asintió Caperucita Roja, besando a su madre.

La abuela vivía lejos, en el bosque, a media hora de la aldea. Cuando Caperucita Roja llegó al bosque, salió a su encuentro el lobo, pero la niña no sabía qué clase de fiera maligna era y no se asustó.

- ¡Buenos días, Caperucita Roja! - la saludó el lobo.
- ¡Buenos días, lobo!
- ¿A dónde vas tan temprano, Caperucita Roja? -dijo el lobo.
- A ver a la abuela.
- ¿Qué llevas en tu canastillo?
- Torta y vino; ayer estuvimos haciendo pasteles en el horno; la abuela está enferma y débil y necesita algo bueno para fortalecerse.
- Dime, Caperucita Roja, ¿dónde vive tu abuela?
- Hay que caminar todavía un buen cuarto de hora por el bosque; su casa se encuentra bajo las tres grandes encinas; están también los avellanos; pero eso, ya lo sabrás -dijo Caperucita Roja.

El lobo pensó: "Esta joven y delicada cosita será un suculento bocado, y mucho más apetitoso que la vieja. Has de comportarte con astucia si quieres atrapar y tragar a las dos". Entonces acompañó un rato a la niña y luego le dijo :

- Caperucita Roja, mira esas hermosas flores que te rodean; sí, pues, ¿por qué no miras a tu alrededor?; me parece que no estás escuchando el melodioso canto de los pajarillos, ¿no es verdad? Andas ensimismada como si fueras a la escuela, ¡y es tan divertido corretear por el bosque!

Caperucita Roja abrió mucho los ojos, y al ver cómo los rayos del sol danzaban, por aquí y por allá, a través de los árboles, y cuántas preciosas flores había, pensó: "Si llevo a la abuela un ramo de flores frescas se alegrará; y como es tan temprano llegaré a tiempo". Y apartándose del camino se adentró en el bosque en busca de flores. Y en cuanto había cortado una, pensaba que más allá habría otra más bonita y, buscándola, se internaba cada vez más en el bosque. Pero el lobo se marchó directamente a casa de la abuela y golpeó a la puerta.

- ¿Quién es?
- Soy Caperucita Roja, que te trae torta y vino; ábreme.
- No tienes más que girar el picaporte - gritó la abuela-; yo estoy muy débil y no puedo levantarme.

El lobo giró el picaporte, la puerta se abrió de par en par, y sin pronunciar una sola palabra, fue derecho a la cama donde yacía la abuela y se la tragó. Entonces, se puso las ropas de la abuela, se colocó la gorra de dormir de la abuela, cerró las cortinas, y se metió en la cama de la abuela.

Caperucita Roja se había dedicado entretanto a buscar flores, y cogió tantas que ya no podía llevar ni una más; entonces se acordó de nuevo de la abuela y se encaminó a su casa. Se asombró al encontrar la puerta abierta y, al entrar en el cuarto, todo le pareció tan extraño que pensó: ¡Oh, Dios mío, qué miedo siento hoy y cuánto me alegraba siempre que veía a la abuela!". Y dijo :

- Buenos días, abuela.

Pero no obtuvo respuesta. Entonces se acercó a la cama, y volvió a abrir las cortinas; allí yacía la abuela, con la gorra de dormir bien calada en la cabeza, y un aspecto extraño.

- Oh, abuela, ¡qué orejas tan grandes tienes!
- Para así, poder oírte mejor.
- Oh, abuela, ¡qué ojos tan grandes tienes!
- Para así, poder verte mejor.
- Oh, abuela, ¡qué manos tan grandes tienes!
- Para así, poder cogerte mejor.
- Oh, abuela, ¡qué boca tan grandes y tan horrible tienes!
- Para comerte mejor.

No había terminado de decir esto el lobo, cuando saltó fuera de la cama y devoró a la pobre Caperucita Roja.

Cuando el lobo hubo saciado su voraz apetito, se metió de nuevo en la cama y comenzó a dar sonoros ronquidos. Acertó a pasar el cazador por delante de la casa, y pensó: "¡Cómo ronca la anciana!; debo entrar a mirar, no vaya a ser que le pase algo". Entonces, entró a la alcoba, y al acercarse a la cama, vio tumbado en ella al lobo.

- Mira dónde vengo a encontrarte, viejo pecador! – dijo -; hace tiempo que te busco.

Entonces le apuntó con su escopeta, pero de pronto se le ocurrió que el lobo podía haberse comido a la anciana y que tal vez podría salvarla todavía. Así es que no disparó sino que cogió unas tijeras y comenzó a abrir la barriga del lobo. Al dar un par de cortes, vio relucir la roja caperuza; dio otros cortes más y saltó la niña diciendo :

- ¡Ay, qué susto he pasado, qué oscuro estaba en el vientre del lobo!

Y después salió la vieja abuela, también viva aunque casi sin respiración. Caperucita Roja trajo inmediatamente grandes piedras y llenó la barriga del lobo con ellas. Y cuando el lobo despertó, quiso dar un salto y salir corriendo, pero el peso de las piedras le hizo caer, se estrelló contra el suelo y se mató.

Los tres estaban contentos. El cazador le arrancó la piel al lobo y se la llevó a casa. La abuela se comió la torta y se bebió el vino que Caperucita Roja había traído y Caperucita Roja pensó: "Nunca más me apartaré del camino y adentraré en el bosque cuando mi madre me lo haya pedido."



Lo curioso es que en la Edad Media las víctimas de este tipo de crímenes eran casi exclusivamente niños de corta edad. Un caso excepcional fue la desaparición y asesinato de una niña de siete años llamada Isabel, que se produjo en Punia (Letonia), en 1574. No sería hasta el siglo XIX que este tipo de crímenes empezarían a ser habituales en niñas y adolescentes de sexo femenino. No tomo en cuenta los crímenes de la aristócrata húngara de Transilvania Erzsébet Báthory (en los siglos XVI - XVII) porque era una criminal en serie -probablemente de origen jázaro, como buena parte de la nobleza húngara- que al parecer asesinó y desangró a más de seiscientas jóvenes.






En cambio, sí que podría ser un precedente del cuento la serie de asesinatos cometidos por otro criminal en serie, Gilles de Montmorency-Laval, barón de Rais, llamado Gilles de Rais, que en el siglo XV, y precisamente en la región del Loira, fue condenado como supuesto responsable de la muerte, violación, tortura y decapitación de al menos doscientos niños, aunque se dice que llegaron a desaparecer más de mil. Estos hechos inspiraron otra conocida fábula: Barba Azul. Sin embargo, de Rais fue declarado inocente en una revisión del proceso que se realizó 552 años después de su muerte. El 9 de noviembre de 1992, el diario El País publicaba lo siguiente:


Un tribunal arbitral de nueve sabios, reunido en la tarde de ayer en el Senado francés, declaró al barón Gilles de Rais, inspirador del mítico personaje Barba Azul, inocente del delito de brujería y de haber violado, torturado, sodomizado y asesinado a cientos de niños en los años que precedieron a su condena por la Inquisición y ejecución en la hoguera, en octubre de 1440.

El tribunal, reunido en la tarde de ayer en el, Senado, formado por un senador, un biólogo, un médico, un ex ministro de Cultura, un ex ministro de Justicia y varios juristas en ejercicio, examinó, después de 552 años del proceso que terminara con la vida de Gilles de Rais en la hoguera, las piezas del sumario inquisitorial y las actas del juicio de Nantes, y escuchó las declaraciones de un fiscal y un abogado defensor.Después de varias horas de deliberaciones, el tribunal dio la razón al escritor Gilbert Prouteau, autor de Gilles de Rais o la cara del lobo, empeñado desde el pasado verano en rehabilitar la figura del barón, y declaró que la condena y ejecución del que fuera amigo y compañero de armas de Juana de Arco en la lucha contra los invasores ingleses fue una injusticia cometida por la Inquisición y que no hubo pruebas para pensar que el inspirador del temible personaje de Barba Azul secuestró, violó, sodomizó y asesinó a 150 niños en los años que precedieron a su proceso.

Riquísimo aristócrata, mariscal imbatible de los ejércitos de Francia, hermoso de físico y de espíritu cultivado, Gilles de Rais fue ahorcado y quemado en la mañana del 26 de octubre de 1440 en una isla del río Loira próxima a Nantes. Una inmensa muchedumbre asistió a su ejecución...


Si de Rais era inocente... ¿Quién o quiénes fueron los responsables de la masacre infantil que se produjo en aquella época?






Actualmente el cuento tiene plena vigencia. En cuanto a ética se refiere, nuestra civilización no ha avanzado un sólo paso, antes más bien lo contrario. Lástima que las niñas no puedan leer la versión original, que debe ser la más aproximada a lo que algún día pasó en algún oscuro bosque de Francia... Pero no está de más advertirlas de algún modo, aunque sea con la versión descafeinada de los Hermanos Grimm.

Niñas de occidente: ¡cuidado con el bzou!






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Fuentes:



http://desqbre.wordpress.com/2014/04/09/psicoanalisis-del-cuento-original-de-caperucita-roja/

http://elespejogotico.blogspot.com.es/2011/12/caperucita-roja-la-verdadera-historia.html

https://algundiaenalgunaparte.wordpress.com/2008/05/11/el-cuento-de-la-abuela-y-otras-hermanas-orales-de-caperucita/

http://algundiaenalgunaparte.wordpress.com/tag/caperucita-roja/

https://revistavocesdelmisterio.wordpress.com/2012/10/30/la-historia-original-de-caperucita-roja/

http://engineoforacles.wordpress.com/2011/01/13/the-bzou-or-charming-wolf-man/

¿Existía Caperucita Roja antes de Perrault? - Susana González Marín

http://labibliotecadeseshat.blogspot.com.es/2013/11/la-version-mas-oscura-de-los-cuentos-1.html

http://www.curiosidadsq.com/2012/11/Caperucita-Roja-Terror-Historia-Original.html


http://elpais.com/diario/1992/06/13/sociedad/708386406_850215.html

http://elpais.com/diario/1992/11/10/sociedad/721350003_850215.html

2 comentarios:

Anónimo dijo...

“ El 21 de diciembre 1765, una muchacha de 11 años, Agnès Mourgues de Marcillac, fue degollada y devorada. Se encontró allí su ropa en pedazos y su pequeño cuerpo desnudo, como si ella acabase de nacer y terriblemente mutilada: la cabeza desatada en seis, el cuello, los hombros, el pecho devorados, así como la pantorrilla de una pierna"

La Bestia de Gévaudan... otra de esas alimañas bípedas que desvisten, degüellan y, en algunos casos, abusan sexualmente (antes y despues de la muerte) de sus víctimas.

N. Nozick dijo...

Tienes razón, imposible no mencionar a la Bestia de Gévaudan, y si yo no lo he hecho es porque los hechos sucedieron con posterioridad a la fábula de Perrault. Pero tal parece que por aquel entonces seguía habiendo bestias de dos patas que han sobrevivido hasta nuestros días.