domingo, 6 de marzo de 2016

Gougenot des Mousseaux.




Henri Roger Gougenot des Mousseaux (22 de abril de 1805 - 5 de noviembre de 1876,) nació y murió en Coulommiers (Francia). Periodista y escritor, sucedió a su padre, fallecido cuando Roger todavía era menor de edad, como caballero de la corte de Carlos X de Borbón. 

Católico tradicionalista y anti-liberal, permaneció fiel a la rama más antigua de los Borbones, desdeñando a Luis Felipe I de Orleans, que sería el último rey de Francia entre 1830 y 1848. Durante su vida, Roger fue testigo de uno de los períodos más convulsos de la historia de Francia, que sería gobernada sucesivamente por Napoleón Bonaparte, Carlos X de Borbón, Luis Felipe de Orleans, la Segunda República, Napoleón III y la Tercera República. Dos imperios, dos monarquías y dos repúblicas. Un período cuajado de guerras y revoluciones, que culminaría en el desastre de Sedán, la captura de Napoleón III por los prusianos (Guillermo I, Otto von Bismarck y Helmuth von Moltke) y la proclamación de la Tercera República.

Des Mousseaux se dedicó a viajar, aprendiendo varios idiomas y estudiando la vida sobrenatural diabólica, la historia de la magia y el esoterismo, denunciando a la francmasonería y a las sociedades secretas, estudiando su relación con el judaísmo, que para él era el enemigo secular de los pueblos cristianos.

Publicado en 1869, El Judío, el judaísmo y la judaización de los pueblos cristianos, es una obra de 568 páginas en la que Roger realiza un análisis exhaustivo del tema, con capítulos dedicados al estudio de las tradiciones, el fariseísmo, los rabinos, el talmud, el asesinato talmúdico, las sectas, la estrategia y los medios de dominación, el mesías y la cábala. Una obra que, según Albert Monniot, le costaría la vida al ser envenenado en 1876 aunque había recibido una carta de advertencia en la que se le informaba del complot, de la que hizo caso omiso al no darle credibilidad.

Uno de los episodios que aparecen en la obra de Gougenot des Mousseaux es la muerte de Werner von Oberwesel, que analizamos siguiendo a dicho autor y a Hellmut Schramm. El que desee consultar la fuente original y domine el latín, debe leer a Daniel Papebroch, De S. Wernhero Puero. Wesalie a judaeis occiso, bacheraci deposito. Ad Rhenum in dioecesi trevirensi. (Acta Sanctorum. Decima Nona Aprilis. Pág. 695 y ss.), a partir de la pág. 791 del pdf [ F9 ].




Henri Roger Gougenot des Mousseaux.
Le juif, la judaïsme et la judaïsation des peuples chrétiens.
Capítulo Sexto. Páginas 491-492. (Werner von Oberwesel).


... En el tiempo en que aparecían en todo su brillo el esplendor de una pléyade de grandes doctores de la Iglesia, considerados hoy como los príncipes de la filosofía cristiana, en el mes de abril del año 1287, nos dicen los Bolandistas, un joven cristiano de la diócesis de Trèves caía bajo el cuchillo de los Judíos en la ciudad de Wesel. Era un pobre obrero de catorce años, llamado Werner. Los fieles del Talmud lo contrataron como jornalero empleándolo para remover la tierra de una cueva; su anfitriona, inquieta de verlo en esta tarea, le dice: "Guárdate de los Judíos, Werner, porque viene el viernes santo!" - "¡Bah! Yo confío en Dios", replicó el joven; y el jueves santo recibió la comunión pascual. Tan pronto como los Judíos lo metieron en la cueva, lo amordazaron para ahogar sus gritos; luego lo ataron cabeza abajo a un poste con la esperanza de hacerle devolver la hostia y apoderarse de ella. Mas sus esfuerzos fueron infructuosos. Empezaron entonces a destrozar a latigazos el cuerpo del pobre adorador de Cristo. Luego le abrieron las venas con un cuchillo; las presionaron para extraer toda la sangre y durante tres días completos dejaron el cuerpo colgado, a veces de la cabeza y a veces de los pies, hasta que dejó de manar su sangre...


Werner von Oberwesel


Hellmut Schramm.
Der jüdische Ritualmord: Eine historische Untersuchung.


... El juez de Oberwesel, que "no era insensible al dinero", fue sobornado con éxito y dejó libres a los asesinos (de Werner von Oberwesel) y a su rabino. Al año siguiente, 1288, los Judíos de Berna, en la época de la Pascua, el 17 de abril, raptaron a un niño llamado Rudolf, le hicieron padecer terriblemente, y finalmente lo asesinaron en un sótano cortándole el cuello. Los principales responsables fueron sometidos a la rueda, y los cómplices desterrados. El consejo de la ciudad decidió no padecer en adelante a causa de los Judíos, y la víctima fue canonizada por la Iglesia. La tumba del niño en la iglesia parroquial de Berna fue objeto de peregrinación durante varios siglos, hasta que la reforma protestante se puso de moda y se olvidó el origen del culto.

Durante estos años se produjeron persecuciones de Judíos en Oberwesel, Bacharach, Siegburg y muchos otros lugares, a consecuencia de repetidos asesinatos o tentativas de asesinato de niños. El emperador Rodolfo I recibió 20.000 marcos de manos judías, y ordenó al arzobispo Heinrich de Mainz que anunciara solemnemente en un sermón que los Cristianos habían cometido con los Judíos la mayor de las injusticias, y que los restos de Werner debían ser quemados y las cenizas esparcidas a los vientos. Al sermón asistieron más de 500 judíos armados, de modo que si algún cristiano protestaba lo pudieran matar inmediatamente con sus espadas... [ F7 ].


Wernerkapelle




Henri Roger Gougenot des Mousseaux.
Le juif, la judaïsme et la judaïsation des peuples chrétiens.
Chapitre Sixiéme. Pages 491-492.


... A l'epoque donc où rayonnait dans tout l'eclat de sa spendeur une pléiade des plus grands docteurs de l'Eglise, restés aujourd'hui meme les princes de la philosophie chrétienne, au mois d'avril de l'année 1287, - nous disent les Bollandistes, un jeune chrétien du diocèse de Trèves tombait à Wesel sous le couteau des Juifs. C'était un pauvre manouvrier de quatorza ans, du nom de Verner. Les fidéles du Talmud le prirent à la journée, et l'employèrent á remuer la terre d'une cave; son hotesse, inquiète de le voir mis à cette tache, lui dit: Garde-toi des Juifs, Verner, car voici le vendredi de la semaine sainte! - Bah j'ai confiance en Dieu, répliqua le jeune homme; et, le jeudi saint, il reçut la communion pascale. Les Juifs aussitot de l'attirer dans la cave, et de la bailloner pour ètouffer ses cris; l'instant d'après, ils l'atachèrent la tete en bas à un poteau, dans l'espérance de lui faire rendre l'hostie et de s'en emparer. Mais leurs essais furent infructueux. Ils commencèrent dès lors à déchirer à coups de fouet ce pauvre adorateur du Christ. Ils lui ouvrirent ensuite les veines avec un couteau; ils les pressèrent, afin d'en extraire tout le sang; et, pendant trois jours entiers, ils laissèrent ce corps suspendu tantot par la tete, et tantot par les pieds, jusqu'à ce qu'il eut cessé de rendre son sang...




Albert Monniot.
Les morts mystérieuses.
Gougenot des Mousseaux.


Extrañas circunstancias rodearon la muerte, cuando gozaba de perfecta salud, de un escritor de bien merecida fama, Gougenot des Mousseaux...

.... Charles Chauliac , el amigo de Gougenot des Mousseaux , que escribió el prólogo de la segunda edición en 1830 del sensacional libro Le Juif, le Judaisme et la Judaisation des peuples chrétiens, me suministró datos emocionantes.

Tuve la buena suerte de relacionarme con el Sr. Chauliac en el curso de mis enredos con nuestro ministerio de Relaciones Exteriores, cuando ese severo guardián de los secretos de Israel me negó el derecho de consultar los archivos del proceso de Damasco.

Algún tiempo después, mientras publicaba una serie de artículos sobre el crimen ritual, y habiendo recibido una advertencia anónima así concebida: "¡Cuidado!, recuerde que como castigo de su libro Gougenot des Mousseaux fue ejecutado por los judíos!"; le escribí al Sr. Chauliac para obtener antecedentes y datos.

El escritor me invitó a que lo visitara, cosa que me apresuré a cumplir.

Nogent sur Marne. Una calle y una casa que no tienen nada de campesina; pero desde el cuarto piso de esta casa que habita el Sr. Chauliac; la vista abarca un amplio horizonte encerrado con suavidad por las ondulaciones boscosas al pie de las cuales serpentea coquetamente el río Marne.
  • “Me sorprende usted revolviendo papeles", me dijo el Sr. Chauliac después de haberme recibido amablemente. "Estoy pegando artículos de diarios que releeré con interés más adelante".
¿Más adelante?... Miro al dueño de casa. De mediana altura, el espíritu tan alerta como el cuerpo, con su bigote y su barbita blanca, me hace recordar a un oficial zuavo o de cazadores de infantería que acabara de retirarse. Pero más tarde, cuando lo veo saltar ágilmente sobre un taburete para buscar sin anteojos, en los estantes superiores de su biblioteca, unos libros que quiere mostrarme, tengo la impresión de que si fuera un oficial, podría muy bien estar en activo.

Me entero, por otra parte, que el Sr. Chauliac sirvió como capitán en el cuerpo de zuavos pontificios.
  • "Le rogué que viniera, me dice, porque aunque no tengo más miedo que Ud. del mauvais café, 1 hay cosas que no me gusta confiar al correo.
  • Es precisamente un asunto de mauvais café lo que me trae.
  • Sí: leí la esquela que me hizo llegar, y no podía dirigirse Ud. a persona más acertada para recabar precisiones sobre el acontecimiento que le interesa. Yo ya era amigo de Gougenot des Mousseaux cuando fue editado por primera vez su libro Le Juif, en 1869.
  • ¡Su joven amigo! Creo mi deber interrumpirlo, después de un cálculo rápido que me hace remontar a cuarenta y cuatro años atrás.
  • ¡Oh!, su joven amigo... ¿Sabe Ud. que voy a comenzar mi octogésima tercera primavera?".
1 Café malo. Expresión turca que significa asunto venenoso.

Me admiro, y en seguida saboreo todo lo que había de confiada serenidad en el “más adelante” del comienzo.

No se sabe qué admirar más en este octogenario, si la seguridad de su memoria, su lucidez de espíritu, su robustez o sus largas esperanzas.
  • "No todo es invención en la esquela que me envió", retoma el Sr. Chauliac, "y va a poder decir cosas que nunca fueron dichas, esclarecer un punto interesante de la Historia: es muy cierto que Gougenot des Mousseaux fue sorprendido en plena vida, en plena actividad cerebral y física, que su muerte es un acontecimiento por demás extraño y misterioso. Pero no nos anticipemos y sigamos el orden cronológico de los hechos, ya que tengo otras cosas curiosas que decirle.
Remontémonos, si le parece, al año 1871. Le Juif había aparecido hacía ya dos años; pero no lo parecía, era como si la edición hubiese sido escondida en un sótano. No incrimino a nadie: sólo constato. Es en esa fecha que el azar me hizo testigo de una transacción singular. Obedeciendo a mis instintos de fisgón y bibliófilo, estaba en tren de búsqueda en un negocio de viejos libros situado bajo un portal con el n° 5 de la calle Casimir Delavigne. No recuerdo el nombre del librero que estaba establecido allí, en donde hoy se levanta una hermosa casa de alquiler.

Mi sorpresa fue grande al asistir a pesar mío a un coloquio entre el comerciante y unos clientes, cuyo objetivo era la compra en masa de la edición de Le Juif. Sin duda, los interesados me tomaban por un empleado, ya que no eran por demás discretos en la discusión.

Cuando estos hombres se fueron, pude adquirir tres ejemplares con los que corrí a casa de Gougenot des Mousseaux que vivía en la calle Godot de-Mauroy, cerca de la Madeleine.

En cuanto el gran escritor se enteró de la conversación que la casualidad me había hecho sorprender:
  • "Corra en seguida a ver a su librero, querido amigo", me dijo mientras me ponía un billete de mil francos en la mano, "y salve todo lo que pueda con esto".
Tomé un coche, y aunque era la hora del almuerzo corrí a la calle Casimir Delavigne.
  • "¡Demasiado tarde!... me respondió el librero después de haberle expuesto mi requerimiento; todo fue desmenuzado y enviado al depósito para pasta de papel."
Con la excepción de los tres ejemplares que salvé providencialmente, no existen de esta primera edición más que algunos pocos ejemplares enviados por Mousseaux, sobre todo al extranjero. A propósito de esto, puede Ud. reírse de los que se atreven a invocar la autoridad de la Santa Sede contra lo que ellos llaman la leyenda del crimen ritual.

Después de cada una de sus obras, mi amigo des Mousseaux recibió el más entusiasta de los estímulos por parte del Vaticano; después de Le Juif, en donde son reveladas con segura documentación las prácticas sangrientas, el gran Papa Pío IX, aparte de animarlo, le otorgó la más alta recompensa que se pueda conceder, la cruz de comendador de su Orden.

En los años siguientes, seguí manteniendo las mejores relaciones de amistad con Gougenot des Mousseaux, yendo a menudo hasta Coulommiers, lugar que había elegido para retirarse.

Hacia fines de Septiembre de 1876, fui a pasar cerca suyo toda una semana. Durante la estancia, me dijo que iba a recibir una feliz noticia de Roma, que ya le habían avisado telegráficamente. Había enviado una obra al Vaticano para su aprobación, y ya en ese momento el secretario de Estado le había hecho saber:

"Recibirá próximamente su manuscrito; el Santo Padre quiere hacerle una corrección con su propia mano". En efecto, algún tiempo después recibí mi trabajo. A continuación de mi firma, Pío IX había añadido de su puño y letra: "Caballero de San Gregorio Magno."

Esa era la corrección anunciada por el secretario de Estado; era la buena nueva de la cual me hablaba discretamente des Mousseaux.

En la noche del 3 de Octubre de 1876, me despedí de la familia, pero mi amigo se empeñó en acompañarme a la estación.

Algunos minutos antes de dejarme, es decir, hacia las diez de la noche, me mostró una esquela que había recibido unos días antes.
  • "¡Lea!", me dijo riéndose.
El papel decía así:

"No coma nada, no beba nada antes de haber hecho probar su alimento al perro, ya que durante una reunión secreta mantenida ayer, Ud. fue condenado a muerte por los judíos."
  • "Es la obra de un bromista, seguramente", le dije al devolverle la advertencia," pero, sin embargo, ¡quién sabe!... ¡Sea prudente! querido amigo”.
  • "Estamos en las manos de Dios", contestó mientras se alejaba.
Nueve horas después, estaba muerto.
  • ¡Muerto!... pero, ¿sobre esta muerte fulminante, tiene Ud. detalles?
  • Los que le relataré. Gougenot des Mousseaux asistía a misa y comulgaba todas las mañanas, a las siete, en la capilla privada del hospicio de Coulommiers, misa oficiada por el capellán, salvo ausencia. Comulgó el 4 de Octubre de 1876 en la misa de las siete, como de costumbre, es decir que estaba en ayunas, y al salir de la capilla, cayó para no levantarse más.
  • ¿Hubo autopsia?
  • ¡Oh, no! Aterrorizadas, la Sra. des Mousseaux y su hija prohibieron que se hablara de la misteriosa advertencia.
  • ¿Des Mousseaux solía estar sólo al tomar la comunión en esa misa matinal?
  • Hasta tal punto que la víspera de mi partida, el 2 de Octubre, como quise acompañarlo a tomar la comunión, tuvo que avisar a la sacristía para que el capellán tuviera dos hostias consagradas en lugar de una.
  • ¿Había allá un sacristán? ¿Algún niño del coro?
  • Es muy probable, pero confieso que no tengo ningún recuerdo de ello.
  • ¿Gougenot des Mousseaux cayó en la capilla o en la calle? ¿Murió en su casa?
  • No tengo ninguna seguridad al respecto; pero juzgue Ud. Ya le dije que la familia estaba aterrada por esta ejecución que había seguido tan de cerca a la advertencia: temían otras represalias. Llevó su inquietud para silenciar las circunstancias de esta muerte hasta el extremo de decir que el escritor había muerto, después de quince días de enfermedad, de una embolia; otra vez, que se había tomado un vomitivo en su casa. ¿Por qué un vomitivo? La realidad es que des Mousseaux comulgó en la misa de siete, que nunca puede durar menos de veinte o veinticinco minutos pero veinticinco minutos de camino lo separaban de su castillo, muriendo a las siete y media. ¡Saque Ud. una conclusión!
  • Concluyo que murió al salir de la capilla. Pero, ¿cómo no se sospechó que la ejecución podía haber sido hecha por medio de una profanación, de una sustitución de hostia?
  • ¡Misterio!, que seguirá siendo, por desgracia, un misterio.
  • ¿Y nunca ha aparecido ningún testigo de los hechos?
  • Nunca. Después de la muerte de mi amigo, su digna viuda me hizo partícipe del deseo de su marido y me encargó la reedición de sus obras, y en primer lugar de su libro Le Juif et la Judaisation des peuples chrétiens. Gougenot des Mousseaux había conservado uno de los ejemplares que yo había salvado del naufragio, ejemplar que estaba ya en mis manos... [ F6 ].

Hôpital-hospice de Coulommiers (Hôpital Abel-Leblanc)




Fuentes:

  1. Henri Roger Gougenot des Mousseaux. Le juif, la judaïsme et la judaïsation des peuples chrétiens. Elibron Classics. 2005 Adamant Media Corporation. Isbn 1-4212-4602-3. (1869, Henri Plon. Paris).
  2. Idem, Versión digital: https://ia802306.us.archive.org/6/items/LeJuif--LeJudasmeEtLaJudasationDesPeuplesChrtiens/Gougenot.pdf
  3. Idem: http://gallica.bnf.fr/ark:/12148/bpt6k114558t/f1.image
  4. Albert Monniot. Le crime rituel chez les juifs. Pierre Téqui, Libraíre-Éditeur. 1914.
  5. Idem. Versión digital:  http://www.balderexlibris.com/public/ebook/Monniot_Albert_-_Le_crime_rituel_chez_les_juifs.zip
  6. Albert Monniot. Les morts mystérieuses: http://www.liberius.net/livres/Les_morts_mysterieuses_000000425.pdf
  7. Hellmut Schramm. Der jüdische Ritualmord: Eine historische Untersuchung.
  8. http://www.kontrekulture.com/produit/le-juif-le-judaisme-et-la-judaisation-des-peuples-chretiens
  9. https://ia800501.us.archive.org/3/items/actasanctorum11unse/actasanctorum11unse.pdf
  10. http://www.roger-pearse.com/weblog/2012/06/19/volumes-of-the-acta-sanctorum-online/

5 comentarios:

  1. El libro  "Le Juif et la Judaisation des peuples chrétiens" está disponible en Amazon Francia. Habría que saber si está íntegro o hay partes censuradas. Si está revisado y editado por los que envenenaron al autor, pues eso.

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    1. Está en amazon francia y en amazon.com. Yo diría que está completo, probablemente gracias a los esfuerzos de M. Charles Chauliac. También hay versión digital; el enlace está puesto en el apartado "fuentes".

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  2. Gougenot tuvo el acierto de juntar antisemitismo y ocultismo. Como consultor publicitario yo le hubiera contratado para alguna obra literaria.

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  3. 1) No todos los judíos son semitas.
    2) No todos los semitas son judíos.
    3) No se puede ni se debe confundir una crítica con un prejuicio racial o religioso. Eso es demagogia.

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  4. Hemos hecho una traducción de una versión abierta en Google, y la hemos subido a "slide share" y "scribd"

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