miércoles, 13 de enero de 2016

La novia de los demonios.




En la ciudad de Frankfurt iba a casarse una joven, y en la víspera del sábado previo al matrimonio discutió con su madre sobre lo que iba a vestir. La joven se negaba a llevar el vestido nupcial de su madre: quería uno propio. Precisamente en el mercado había visto uno en especial en el que no podía dejar de pensar. Quería comprarlo a toda costa, aunque tuviera que invertir todos sus ahorros. Pero su madre quería que conservara el dinero. Al final su madre se enfadó tanto que le dijo: "¡vete al diablo!" Y salió de la habitación de su hija dando un portazo.

Poco después la joven salia de casa. Se encaminó a la ciudad y fue directamente a ver al mercader que tenía el vestido de novia de sus sueños, porque estaba dispuesta a adquirirlo a pesar de las objeciones de su madre. Nada más llegar, observó a una mujer de gran belleza, espléndidamente vestida, comprando en la misma tienda, acompañada de un sirviente. La mujer había elegido varios vestidos, entre los cuales estaba el que la joven novia deseaba para sí.




Temblando, la joven se acercó a la mujer y le dijo: "Por favor, señora, no os enojéis conmigo, pero tenía el deseo de comprar ese vestido para mi boda". La muchacha señaló el vestido apilado con los demás elegidos por aquella dama. La mujer lo sacó del montón y lo puso encima de todos. Y dijo: "¡Qué hermosa eres! Estoy segura de que estarías magnífica con este vestido. Quizás pueda dártelo como regalo de boda". La joven se asombró al escuchar tales palabras, pero también observó que aquella mujer poseía grandes riquezas y podía considerar el regalo como un pequeño detalle sin importancia. Aún así, le dijo: "No es eso lo que os pido, tan sólo que me permitáis comprarlo yo misma". "No, querida", dijo la mujer, "Me encantaría que este vestido fuera mi regalo de boda para ti, y así será. Sólo te pido que me acompañes hasta mi casa, para que pueda ver lo hermosa que estás cuando te lo pongas".

La joven estaba feliz, porque soñaba con tener el vestido. Y pensó en lo contenta que se pondría su madre cuando se enterara de que no había tenido que gastarse sus ahorros en comprarlo. Así que agradeció a la mujer su amable oferta y le dijo que le encantaría acompañarla a su casa.

Entonces la dama completó sus compras, adquiriendo todos los vestidos, incluido el que la joven tanto deseaba. Luego la condujo hasta su carruaje y ambas partieron juntas. La joven estaba aturdida e impaciente por probarse el vestido.

Pronto llegaron a una gran mansión, que a la joven le pareció un palacio. Jamás había soñado que pudiera existir tanta riqueza en el mundo. Entró en la casa, mirando a todas partes sin poder creer lo que veía. Una vez dentro, la mujer sacó el vestido con presteza y se lo entregó a la joven, acompañándola hasta una habitación en la que podía probárselo. La muchacha entró en el cuarto y vio que estaba lleno de espejos, en los que se veía reflejada desde todos los puntos de vista. Cerró la puerta y rápidamente se quitó su viejo vestido para ponerse el nuevo.

Era realmente magnífico, y estaba tejido con hilos de oro y plata, con muchos adornos que formaban un bello dibujo. Cuando se lo puso se dio cuenta por primera vez de lo bella que era, y en ese momento pronunció un deseo: que siempre pudiera ser como en aquellos momentos, vestida de novia en aquella habitación de espejos, con su imagen reflejada por todas partes. Después la feliz muchacha se dirigió hacia la puerta para mostrarle a la mujer lo bien que le quedaba el vestido. Pero la puerta estaba cerrada.




La joven no volvió a su casa al atardecer, ni tampoco llegó a tiempo para cenar. Después de la cena, sus padres salieron a buscarla, pero no la encontraron y al día siguiente era sábado. Así que fueron a toda prisa a ver al rabino Naphtali Cohen, que les dijo que celebraran el sábado como siempre, como si ella estuviera presente, y continuaran con los preparativos para la boda. Y así lo hicieron.

Aquella noche, antes de ir a dormir, el rabino formuló una pregunta onírica en busca del secreto de la desaparición y destino de la joven. Y en un sueño le fue mostrada la verdad.

Cuando la familia del novio llegó y advirtió la ausencia de la novia, el rabino preguntó al novio si estaba dispuesto a arriesgar su alma por ella. Cuando el joven contestó afirmativamente, el rabino ordenó disponer su carruaje y partió en compañía del novio hasta abandonar los límites de la ciudad.




Finalmente llegaron a un campo. El rabino lo llevó hasta el centro y le dijo que permaneciera allí. Después, el rabino dibujó un gran círculo alrededor del novio con su báculo y le dijo: "Has de saber que tu novia ha sido secuestrada por Lilith, Reina de los Demonios. Se la ha llevado para dársela por novia a su hijo, que también es hijo de Asmodeo, Rey de los Demonios. Eres la única esperanza de tu prometida, porque tan sólo alguien capaz de arriesgar su alma por ella puede salvarla en esta hora de peligro."

"Ahora debo irme. Pronto verás que te rodea un gran grupo de demonios. Todos te maldecirán y humillarán e intentarán hacerte daño. No los temas e ignóralos por completo. Después llegarán muchos carruajes, que no te prestarán atención, y tú debes hacer lo mismo con respecto a ellos. Luego aparecerá un carruaje dorado, conducido por un cochero tuerto. Junto a él irá sentado otro personaje, que es el Rey de los Demonios. Debes mirarle a los ojos y decirle <¿Por qué te has llevado a mi novia?> Y no apartes tu mirada de la suya, pase lo que pase."

Todo sucedió exactamente como el rabino Naphtali había predicho. Una muchedumbre de demonios apareció de la nada, permaneciendo fuera del círculo, mientras se mofaban de él y amenazaban su vida, pero el novio los ignoró y nada dijo. Después llegaron muchos carruajes, y el último era de color dorado, conducido por un hombre tuerto. Y junto a él estaba sentado un hombre de porte sobrecogedor, que el novio reconoció al instante como al Rey de los Demonios




El tembloroso novio rehusó sucumbir al terror y mirando a los ojos al Rey de los Demonios le dijo: "¿Por qué te has llevado a mi novia?" Asmodeo le devolvió la mirada y contestó: "Porque su madre me la entregó como regalo y porque ella misma manifestó el deseo de permanecer en mi palacio para siempre". El novio repuso: "Su madre no ha podido hacer eso, porque ya estaba prometido a su hija y tampoco creo que ella pretendiera realmente permanecer prisionera en vuestro reino". Justo entonces el novio escuchó un grito, seguido por lloros y sollozos. Y supo que debía ser su novia, prisionera en aquel lugar. Deseaba mirarla, porque nunca en su vida se había encontrado con ella, pero recordó las palabras del rabino y no apartó la mirada de la del Rey de los Demonios. Si lo hubiera hecho, habría visto a su novia enterrada hasta el cuello, porque ya estaba casi por completo en poder del Diablo. Pero el mero hecho de saber que ella estaba allí llenó al joven de renovados bríos. La cólera lo invadió y, mirando a los ojos de Asmodeo, le dijo: "Es mía, no tuya. Vendrá conmigo". Y mientras ambos se miraban sin que ninguno apartara la vista del otro, el rabino y su gente llegaron de improviso y la sacaron de la fosa, mientras los otros demonios miraban, sin hacerles daño. Ella llevaba todavía el vestido que Lilith le había regalado, pero estaba cubierto de larvas y orugas. Se la llevaron de allí y rasgaron el sudario infestado de gusanos, que reemplazaron con un vestido limpio. En ese momento los demonios desaparecieron, incluso Asmodeo.

Cuando el rabino se aseguró de que los demonios habían desaparecido, llevó al novio fuera del círculo mágico hasta su carruaje, en donde su novia derramaba grandes lágrimas de alivio. Mientras se dirigían de vuelta a la ciudad, el rabino le dijo: "Lo has hecho realmente bien, porque si hubieras apartado tus ojos de los de Asmodeo aunque sólo fuera un instante, la joven habría desaparecido para siempre. Pero gracias a que no lo hiciste así, quedó libre".

Cuando llegaron a Frankfurt, celebraron la boda con gran alegría. La joven vestía el traje de boda que había pertenecido a su madre y todos dijeron que jamás habían visto una novia más bella.


Howard Schwartz
Traducido del inglés por Nozick.






LILITH EN EL ZOHAR
EDICION CASTELLANA. LEON DUJOVNE

[... Y si toda la congregación errará, etc. R. Simeón citó en relación con esto el versículo: ¡Mujeres sosegadas, levantaos! ¡Oíd mi voz! ¡Hijas confiadas escuchad mi dicho! 4209. Dijo Un hombre ha de ser siempre solícito para con el honor de su Amo para que su hijo sea sin defecto. Porque cuando Dios creó al hombre, lo creó sin defecto, como está escrito, Dios hizo al hombre recto 4210

La palabra hombre (Adam) significa varón y mujer, estando la mujer incluida en el varón, y de ahí que diga recto. Y en la profundidad del gran abismo hay cierto cálido, fogoso espíritu femenino llamado Lilith, que primero cohabitó con el hombre. Porque cuando el hombre fue creado y su cuerpo completado, se reunieron alrededor del cuerpo mil espíritus del lado izquierdo, tratando cada uno de entrar, hasta que por último descendió una nube y los apartó y Dios dijo Que la tierra produzca un alma viviente 4211, y entonces produjo un espíritu para alentar en el hombre, el cual así se completó con dos lados, como está dicho, Y El sopló en sus narices el aliento de vida, y el hombre se volvió un alma viviente 4212. Cuando surgió el hombre, su mujer estaba fijada a su lado, y el espíritu santo en él se extendió a cada lado, perfeccionándose. Después Dios serró al hombre en dos y modeló a su mujer y la trajo a él como a una novia al dosel. Cuando Lilith lo vio, huyó, y aún está en las ciudades de la costa marina tratando de tender trampas a la humanidad. Y cuando el Todopoderoso destruya a la inicua Roma, El colocará a Lilith entre las ruinas, pues ella es la ruina del mundo, como está escrito: Y Lilith reposará allí y hallará para sí descansadero 4213. En libros antiguos se dice que ella huyó del hombre antes de esto, pero nosotros aprendimos, diferentemente, que ella se asoció con el hombre hasta que fuera colocada en él esa alma (neschamá), y entonces ella huyó a la costa del mar, donde trata de dañar a la humanidad.

El remedio es este. Cuando un hombre se une con su mujer, él ha de santificar su corazón a su Amo y decir: Ella, la que está envuelta en un manto, está aquí. No entres ni saques; no es de ti ni de tu suerte. Retorna, retoma, el mar está elevándose, te espera a ti. Yo adhiero a la porción santa. Estoy envuelto en la santidad del Rey. Luego ha de cubrir su cabeza y la cabeza de su esposa por breve tiempo. En el libro que Aschmedái dio al Rey Salomón, se dice que entonces él ha de rociar agua limpia alrededor de la cama. Si una mujer amamanta a un niño, ella no ha de juntarse con su marido mientras el niño está despierto, ni darle después de mamar mientras no haya pasado el lapso suficiente para caminar dos millas, o una milla si el niño llora por leche. Si se hace todo esto Lilith nunca será capaz de causarles daño. Bienaventurados los justos a quienes Dios enseñó los secretos de la Torá, del cielo y de la tierra, y todo en mérito de la Torá, porque quien estudia la Torá es coronado con las coronas del Nombre Santo y conoce caminos secretos y los misterios del cielo y de la tierra, y nunca es dañado.

En ese día se les ordenó acerca de cierto árbol y desobedecieron la orden. Y porque la mujer pecó primero fue decretado que el marido rigiera sobre ella. Y desde entonces, cuando los hombres pecan ante Dios, las mujeres del lado del juicio severo están encargadas de regir sobre ellos son las denominadas la llama de la espada que daba vueltas 4214, que unas veces toma la forma de varones y otras veces de hembras, como se asentó en otro lugar. ¡Ay del mundo cuando esas mujeres tienen dominio! Cuando el profeta vio que Israel pervertía sus caminos y pecaba ante su Amo, exclamó: Vosotras mujeres sosegadas, ¿cómo podéis estar quietas, cómo podéis estar ociosas en el mundo? Levantaos, según se explicó en otra parte...]

4209  Isaías XXXII, 9
4210  Eclesiastés VII, 20
4211  Génesis I, 24
4212  Génesis II, 7
4213  Isaías XXXIV, 14
4214  Génesis III, 24







Fuentes:


  • The bride of demons. From "Lilith's cave. Jewish tales of the supernatural". 1988. Copyright: Howard Schwartz.
  • El Zohar. Edición Castellana. León Dujovne. Pags. 931-932.

domingo, 10 de enero de 2016

Bacanales.




Tito Livio. Historia de Roma (Ab urbe condita). Libro 39


[39,8] Durante el año siguiente (186 a.C.), los cónsules Espurio Postumio Albino y Quinto Marcio Filipo vieron desviada su atención del ejército, las guerras y la administración de las provincias por la necesidad de sofocar una conspiración interna. Las provincias fueron adjudicadas a los pretores de la siguiente manera: la pretura urbana fue para Tito Menio y la peregrina para Marco Licinio Lúculo; Cerdeña correspondió a Cayo Aurelio Escauro, Sicilia a Publio Cornelio Sila, la Hispania Citerior fue para Lucio Quincio Crispino y la Ulterior para para Cayo Calpurnio Pisón. Se encargó a ambos cónsules la investigación de las conspiraciones secretas. El asunto comenzó con la llegada a Etruria de un griego de bajo nacimiento que no poseía ninguna de las numerosas artes que difundió entre nosotros el pueblo que con más éxito cultivó la mente y el cuerpo. Era una especie de practicante de cultos y adivino, pero no de aquellos que inducen a error a los hombres enseñando abiertamente sus supersticiones por dinero, sino un sacerdote de misterios secretos y nocturnos. Al principio, éstos se divulgaron sólo entre unos pocos; después, empezaron a extenderse tanto entre hombres como entre mujeres, aumentando su atractivo mediante los placeres del vino y los banquetes para aumentar el número de sus seguidores. Una vez el vino, la noche, la promiscuidad de sexos y la mezcla de edades tiernas y adultas calentaban sus ánimos, apagando todo el sentido del pudor, daban comienzo los excesos de toda clase, pues todos tenían a mano la satisfacción del deseo al que más le inclinaba su naturaleza. Y no se limitaba el daño a la violación general de hombres libres y mujeres; de la misma fuente salían falsos testimonios, la falsificación de sellos y testamentos, las falsas informaciones, y los filtros mágicos y muertes tan secretas que ni siquiera se podían encontrar los cadáveres para darles sepultura. Muchos crímenes fueron cometidos mediante engaños y muchos otros mediante la violencia, que quedaba oculta por el hecho de que, a causa de los gritos y el ruido de los tímpanos y címbalos, no se podía escuchar a los que pedían auxilio entre las violaciones y las muertes.

[39,9] Este mal desastroso se propagó desde Etruria a Roma como una enfermedad contagiosa. Al principio, el tamaño y la extensión de la Ciudad permitieron más espacio e impunidad para tales maldades y sirvieron para ocultarlas; pero, finalmente, llegaron noticias al cónsul y lo hicieron aproximadamente del siguiente modo: Publio Ebucio, cuyo padre había servido en la caballería con montura pública, había muerto, dejándole huérfano a edad temprana y al cuidado de tutores. Muertos estos también, se había educado bajo la tutela de Duronia, su madre, y de su padrastro, Tito Sempronio Rútilo. Como, por una parte, la madre estaba completamente sometida a su marido y, por la otra, su padrastro había ejercido su tutela de tal manera que no estaba en condiciones de dar cuentas adecuadamente de la misma, deseaba éste quitarse de en medio a su pupilo o bien ponerlo a su merced mediante algo de lo que acusarlo. La única manera de corromper al joven eran las Bacanales. La madre dijo al muchacho que había hecho un voto en su nombre durante una enfermedad, a saber, que en cuanto se recuperase lo iniciaría en los misterios báquicos; ahora, comprometida por su voto por la bondad de los dioses, estaba obligada a cumplir con aquél. Él debía preservar su castidad durante diez días; tras la cena del décimo día, una vez bañado en agua pura, ella lo llevaría al lugar sagrado.

Había una liberta de nombre Hispala Fecenia que había sido una famosa cortesana y que no resultó digna de ser liberada pues, acostumbrada desde su niñez a tal actividad, incluso tras su manumisión siguió dedicándose a ella. Como sus casas estaban cerca una de la otra, había surgido cierta intimidad entre ella y Ebucio, que no resultaba en absoluto perjudicial ni para la reputación de él ni para su hacienda, pues ella buscaba su compañía y su amor desinteresadamente, manteniéndolo por su generosidad mientras sus padres se lo escatimaban todo. Su pasión por él había ido tan lejos que, una vez muerto su tutor y no estando ya bajo la tutela de nadie, solicitó a los tribunos y al pretor que nombraran un tutor para ella. Entonces, hizo testamento nombrando a Ebucio su único heredero.

[39.10] Con estas pruebas de su amor, ya no tenían secretos entre ellos y el joven le dijo en tono jocoso que no se sorprendiera si se ausentaba de ella durante algunas noches, pues tenía que cumplir un deber religioso: el cumplimiento de una promesa, hecha mientras estaba enfermo, por la que quería ser iniciado en los misterios de Baco. Al oír esto, quedó ella muy perturbada y exclamó "¡no lo consientan los dioses!. Mejor nos sería morir ambos antes que hagas tal cosa!". Lanzó luego maldiciones e imprecaciones sobre la cabeza de quien le hubiera aconsejado así. El joven, asombrado ante sus palabras y su gran emoción, le pidió que cesara en sus maldiciones, pues había sido su madre quien se lo había ordenado, con el consentimiento de su padrastro. "Pues entonces, tu padrastro -respondió ella- ya que puede que no sea justo acusar a tu madre, tiene prisa por arruinar con este acto tu virtud, tu reputación, tus esperanzas y tu vida". Aún más asombrado, él le preguntó qué quería decir. Rogando a los dioses que la perdonaran si, llevada por su amor hacía él, revelaba lo que se debía callar, le descubrió cuando era una sierva había acompañado a su ama a aquel lugar de iniciación, pero que nunca se había acercado por allí desde que era libre. Sabía que aquella era oficina para toda clase de corruptelas, teniendo constancia de que en los últimos dos años no se había iniciado a nadie mayor de veinte años. Cuando alguien era llevado allí se le entregaba como una víctima a los sacerdotes, quienes lo llevaban a un lugar que resonaba con gritos, cánticos y el percutir de címbalos y tímpanos, de modo que no se podían oír los gritos de auxilio de aquel a quien sometían a violencia sexual. Le rogaba y le suplicaba, por ello, que se saliera del asunto lo mejor que pudiese y que no se precipitase a ciegas en un lugar en el que habría de soportar, y luego cometer, toda clase de ultrajes concebibles. No le dejó marchar hasta que él no le hubo dado su palabra de que no tomaría parte en aquellos ritos.

[39,11] Después de llegar a casa, su madre trajo a colación el tema de la iniciación, diciéndole lo que tenía que hacer ese día y los días siguientes. Él le dijo que no haría nada de aquello y que no tenía intención de ser iniciado. Su padrastro estaba presente en la conversación. De inmediato, la madre exclamó que él no podía pasar diez noches fuera de los brazos de Hispala; tan hechizado estaba por los encantos venenosos de aquella víbora que no respetaba ni a su madre, ni a su padrastro ni a los dioses. Entre los reproches de su madre, por un lado, y su padrastro, por otro, con la ayuda de cuatro esclavos lo echaron de la casa. El joven, entonces, se marchó a casa de una tía paterna, Ebucia, y le explicó por qué había sido expulsado de su casa; por consejo de ella, al día siguiente informó sin testigos al cónsul Postumio sobre el asunto. Postumio le dijo que regresara nuevamente a los dos días; al mismo tiempo, preguntó a su suegra Sulpicia, mujer respetable y juiciosa, si conocía a una anciana llamada Ebucia, que vivía en el Aventino. Ella le respondió que la conocía como una mujer respetable y de estricta moral a la antigua usanza; el cónsul le dijo que era importante que se entrevistara con ella y que Sulpicia debía mandarle recado para que viniera. Ebucia vino a ver a Sulpicia y el cónsul, entrando como por casualidad, llevó la conversación hacia Ebucio, el hijo de su hermano. La mujer estalló en lágrimas y comenzó a lamentarse de la desgracia del joven, a quien habían despojado de su fortuna los que menos debían haberlo hecho. Estaba -dijo- en su casa en aquellos momentos, pues su madre "lo había echado porque el virtuoso y respetable joven había rehusado -¡que los dioses me perdonen!- ser iniciado en unos misterios obscenos, según se decía".

[39.12] Considerando el cónsul que había comprobado lo suficiente sobre el testimonio de Ebucio y que la evidencia era fiable, despidió a Ebucia y pidió a su suegra que mandara llamar a Hispala, una liberta, muy conocida en el Aventino, pues había ciertas cuestiones que deseaba preguntarle también a ella. Se perturbó Hispala ante el recado, al ser convocada a presencia de una mujer tan noble y respetable sin saber el motivo; y ya, cuando vio en el vestíbulo a los lictores, a los asistentes del cónsul y al mismo cónsul, casi se desmayó. La llevaron a una habitación interior con el cónsul y en presencia de su suegra, por si servía para hacer que dijera la verdad; el cónsul le dijo que nada tenía que temer, podía confiar en la palabra de una mujer como Sulpicia y en la suya propia, pero debía darle una descripción detallada de lo que solía ocurrir en los ritos báquicos nocturnos en el bosque de Simila. Al oír esto, la mujer fue presa de tanto miedo y tales temblores en todos sus miembros que no pudo abrir la boca en bastante rato. Recuperó finalmente sus nervios y contó que había sido iniciada siendo esclava y aún muy niña, junto a su ama; pero que desde que la manumitieron, hacía ya algunos años, no sabía nada más de lo que allí pasaba. El cónsul la elogió por haber confesado que había sido iniciada y le rogó que fuera igualmente veraz en el resto de su historia. Al asegurar ella que no sabía nada más, el cónsul le advirtió que no recibiría la misma consideración y perdón si alguien la refutaba que si confesaba libremente, pues la persona que le había oído hablar de aquellas cosas se lo había revelado todo a él.

[39.13] La mujer, totalmente convencida, y con razón, de que era Ebucio el informante, se arrojó a los pies de Sulpicia y le imploró que no permitiera que una conversación entre una liberta y su amante fuera considerada como una asunto no sólo grave, sino incluso capital. Cuanto ella le había dicho, lo fue con el fin de asustarlo, no porque ella supiera nada realmente. Postumio se encolerizó y le dijo entonces que quizá se imaginaba que estaba bromeando con su amante, y no hablando en la casa de una mujer respetabilísima y en presencia del cónsul. Sulpicia levantó a la aterrorizada mujer del suelo, le habló dulcemente y, al tiempo, trataba de calmar la cólera de él. Al fin se hizo la calma, y después de quejarse amargamente de la traición de Ebucio, que así le pagaba todo lo que había hecho por él, declaró que temía grandemente a los dioses, por desvelar sus misterios, pero que temía aún más a los hombres, que la despedazarían si se convertía en delatora. Así, ella rogaba a Sulpicia y al cónsul que la llevaran a algún lugar fuera de las fronteras de Italia, donde pudiera vivir con seguridad el resto de sus días. El cónsul la instó a tener buen ánimo, pues él se encargaría de que viviese segura en Roma. Hispala, entonces, dio cuenta del origen de aquellos misterios.

Inicialmente, se trataba de un santuario reservado a las mujeres, donde era costumbre no admitir a ningún hombre; había tres días al año en los que, durante el día, se iniciaba en los misterios de Baco; se solía elegir por tuno a matronas como sacerdotisas. Paculla Annia, una sacerdotisa de la Campania, había efectuado cambios radicales, como por inspiración divina, pues fue la primera en admitir hombres e inició a sus propios hijos, Minio y Herenio Cerrinio. Al mismo tiempo, hizo que el rito fuera nocturno y que en vez de tres días al año se celebrara cinco veces al mes. Una vez los misterios hubieron asumido aquel carácter promiscuo, con los hombres mezclados con las mujeres en licenciosas orgías nocturnas, no quedó ningún crimen y ninguna acción vergonzosa por perpetrarse allí. Se producían más prácticas vergonzantes entre hombres que entre hombres y mujeres. Quien no se sometiera al ultraje o se mostrara remiso a los malos actos, era sacrificado como víctima. No considerar nada como impío o criminal era la misma cúspide de su religión. Los hombres, como posesos, gritaban profecías entre las frenéticas contorsiones de sus cuerpos; las matronas, vestidas como bacantes, con los cabellos en desorden, se precipitaban hacia el Tíber con antorchas encendidas, las metían en las aguas y las sacaban aún encendidas, pues contenían azufre vivo y cal. Los hombres ataban a algunas personas a máquinas y las echaban en cuevas ocultas, y se decía por ello que habían sido arrebatadas; se trataba de quienes se habían negado a unirse a su conspiración, tomar parte en sus crímenes o someterse a los ultrajes sexuales. Era una inmensa multitud, casi una segunda población, y entre ellos se encontraban algunos hombres y mujeres de familias nobles. Se había convertido en costumbre, durante los dos últimos años, que nadie de más de veinte años fuera iniciado; solo captaban a los de edad más susceptible de engaño y corrupción.

[39,14] Cuando hubo terminado de dar su testimonio, cayó de rodillas y de nuevo le rogó al cónsul que la enviara al extranjero. Este pidió a su suegra que desocupara alguna parte de su casa donde pudiera trasladarse Hispala. Se le asignó una habitación en la parte superior a la que se accedía por una escalera desde la calle, que se bloqueó, abriéndose un acceso desde el interior de la casa. Se llevaron allí de inmediato todos los enseres de Fecenia, así como sus esclavos, y se ordenó a Ebucio que se mudara a casa de un cliente del cónsul. Una vez tuvo a sus dos informantes bajo su control, Postumio informó del asunto al Senado. Explicó todo detallada y ordenadamente, primero la información que había recibido y después lo que había averiguado con su investigación. Los senadores fueron presa de un intenso pánico, tanto por la seguridad pública en el caso de que aquellas ocultas conspiraciones y reuniones nocturnas pudieran suponer un peligro para el Estado, como por ellos mismos en lo que pudiera atañer a los suyos en caso de estar implicados. Aprobaron no obstante un voto de gracias al cónsul por haber conducido sus investigaciones tan cuidadosamente, sin provocar una alteración del orden público. A continuación, otorgando a los cónsules poderes extraordinarios, pusieron en sus manos la investigación sobre cuanto sucedía durante las bacanales y los ritos nocturnos. Deberían cuidar de que Ebucio y Fecenia no sufrieran daño alguno por la información que habían proporcionado, así como también ofrecer recompensas para que otros denunciaran. Se debía buscar a los sacerdotes de aquellos ritos, fuesen hombres o mujeres, no solo en Roma, sino en cualquier foro o lugar de reunión en que se los pudiera hallar, para ponerlos a disposición de los cónsules. Además, se publicaron edictos en Roma, y se enviaron por toda Italia, prohibiendo que todo el que ya hubiera sido iniciado en el culto a Baco se reuniera para celebrar sus misterios o practicar cualquier rito de similar carácter; y, sobre todo, que se investigase rigurosamente contra aquellos que se hubiesen conjurado para cometer alguna inmoralidad o algún delito. Estas fueron las medidas que decretó el Senado. Los cónsules ordenaron a los ediles curules que buscasen a todos los sacerdotes de aquellos ritos y, cuando los hubieran detenido, los mantuvieran bajo custodia como mejor les pareciera para proceder a la investigación. Los ediles plebeyos cuidarían de que no se llevara a cabo ningún rito en lugar cerrado; a los triunviros capitolinos se les encargó que situaran guardias por toda la Ciudad y que procurasen que no tuvieran lugar reuniones nocturnas; como precaución añadida contra los fuegos, se nombraron cinco hombres para ayudar a los triunviros y hacerse cargo de los edificios que se les asignaran en cada sector a uno y otro lado del Tíber.

[39,15] Cuando los diversos magistrados quedaron instruidos de sus obligaciones, los cónsules convocaron la Asamblea y subieron a los Rostra. Después de recitar la solemne oración que suelen pronunciar los cónsules antes de dirigirse al pueblo, Postumio habló así: "Quirites, en ninguna reunión anterior de la Asamblea había sido esta plegaria a los dioses tan adecuada, y yo diría que hasta tan necesaria. Porque nos recuerda que son estos los dioses a los que nuestros antepasados determinaron que se diese culto, se reverenciara y se rezara; y no a aquellos dioses que llevan las mentes, mediante ritos extranjeros y envilecedores, como empujadas por las Furias, a toda clase de crímenes y desenfrenos. En verdad que no sé hasta qué punto debo guardar silencio o hasta dónde he de llegar en lo que tengo que deciros. Pues me temo que si quedáis ignorantes de alguna cosa se me pueda acusar de negligencia, mientras que si os lo revelo todo os pueda aterrorizar en exceso. Por mucho que pueda decir, podéis estar seguros de que será poco en comparación con la enormidad y gravedad de los hechos. Procuraré que sea lo suficiente como para poneros en guardia. Estoy seguro de que ya sabéis, no solo por lo que se comenta sino por los ruidos y gritos nocturnos que se producen por toda la Ciudad, de que las Bacanales se han extendido por toda Italia y ahora también por muchas partes de Roma; pero no creo que sepáis realmente qué es lo que ello significa. Algunos de vosotros os imaginaréis que es alguna forma privada de culto a los dioses; otros creen que es algún tipo permitido y admisible de distracción, y que sea como sea, concierne sólo a unos cuantos. Respecto a su número, será natural que os alarméis si os digo que se trata de muchos miles, aún antes de explicaron quiénes son y cuál es su calaña.

"En primer lugar, en efecto, la mujeres constituyen la mayor parte, y fueron ellas el origen de este mal. Están luego los hombres, totalmente afeminados, cometiendo y recibiendo las mismas perversiones, exaltados y desenfrenados, fuera de sí por las noches sin sueño, por el vino, los gritos y el alboroto nocturno. La conspiración no tiene aún ninguna fuerza, pero su número se incrementa rápidamente día a día y su fuerza es cada vez mayor. Vuestros antepasados decidieron que ni siquiera vosotros os reunieseis en Asamblea de manera irregular y sin motivo, sino que, izando el estandarte en la ciudadela, se mandase salir al ejército, que los tribunos ordenasen al pueblo que se reuniera o que uno de los magistrados hubiera convocado en debida forma a la Asamblea. Consideraban, así mismo, que siempre que el pueblo se reuniera debería haber allí alguna autoridad legítima presidiéndolo. ¿Os imagináis cómo serán estas reuniones nocturnas, esta promiscuidad de hombres y mujeres? Si supieseis a qué edad se inician los varones, no solo os compadeceríais de ellos, también os avergonzaríais. ¿Consideráis, Quirites, que a jóvenes iniciados en juramentos como este se les puede convertir en soldados? ¿Que se les puede confiar las armas a estos que salen de un santuario de obscenidad? ¿Serán estos hombres, apestando a sus propias impurezas y a las de quienes tienen alrededor, los que esgrimirán sus espadas en defensa de la castidad de vuestras mujeres e hijos?

[39.16] "Y el daño no sería tan grave, empero, si sólo se hubieran afeminado ellos con su libertinaje, pues entonces la deshonra caería principalmente sobre ellos mismos, y hubiesen mantenido libres sus manos de ultrajes y sus ánimos de engaños. Nunca ha habido un mal tan grave en la República, ni que afectara a un número mayor de personas o que haya causado más crímenes. Podéis estar completamente seguros de que todos los delitos producidos en estos últimos años, en forma de lujuria, traición o crímenes, han tenido su origen en aquel santuario de ritos profanos. Y aún no se han revelado todas las maldades para las que han conspirado. Hasta ahora, su impía asociación se limitaba a crímenes individuales, pues aún no tiene fuerza bastante para destruir la república. Pero la maldad sigue infiltrándose sigilosamente, creciendo día a día, ya es demasiado grande como para limitarse a los intereses privados y apunta al Estado. A menos que toméis precauciones, Quirites, a esta Asamblea legalmente convocada por un cónsul a la luz del día, se enfrentará otra asamblea que se reúne en la oscuridad de la noche. Por ahora, desunidos, ellos os temen a vosotros, unidos en Asamblea; pero en cuanto os hayáis dispersado hacia vuestros hogares y granjas, celebrarán la suya y tramarán su propia seguridad y vuestra ruina. Será entonces vuestro turno, separados como estaréis, de temer su unión.

"Debéis, por tanto, rezar cada uno de vosotros porque vuestros amigos hayan conservado su sensatez. Si alguno se ha precipitado a tal abismo de lujuria desenfrenada y exasperante, debéis considerarlo no como uno de los vuestros, sino como alguien que se ha sumado a los juramentados para ejecutar toda clase de maldades. No estoy seguro, incluso, de que alguno de vosotros no hayáis sido engañados, pues nada hay que presente una apariencia más engañosa que una falsa religión. Cuando los delitos se cobijan bajo el nombre de la voluntad de los dioses, siempre existe el temor a que, castigando la hipocresía de los hombres, estemos violentando algo sagrado relacionado con las leyes divinas. De estos escrúpulos quedáis liberados por las innumerables decisiones de los pontífices, senadoconsultos y respuestas de los augures. ¡Cuán a menudo, en tiempos de vuestros padres y abuelos, se ha encargado a los magistrados la tarea de prohibir todos los ritos y ceremonias extranjeros, impedir que los sacrificadores y adivinos entrasen al Foro, al Circo o a la Ciudad, buscando y quemando todos los libros de falsas profecías, y aboliendo cualquier rito sacrifical que no estuviera de acuerdo con la costumbre romana! Y es que aquellos hombres, tan prácticos en todo lo referente al amor divino y humano, consideraban que nada tendía tanto a destruir la religión como la realización de sacrificios no a la manera de nuestros padres, sino según las modas importadas del extranjero. Pensé que debería deciros esto de antemano, de modo que a ninguno de vosotros le angustiaran los temores religiosos cuando vea demolidas las sedes de las bacanales y dispersadas sus impías reuniones. Todo lo que vamos a hacer será hecho con la sanción de los dioses y obedeciendo su voluntad. Para mostrar su descontento por el insulto hecho a su majestad mediante tales apetitos sexuales y crímenes, los han arrastrado fuera de sus oscuros escondrijos, a plena luz del día, y quisieron que quedasen expuestos a dicha luz no para que gozaran de impunidad, sino para que fuesen castigados y aplastados. El Senado nos ha otorgado, a mi colega y a mí mismo, poderes extraordinarios para llevar a cabo una investigación sobre este asunto. Haremos uso enérgicamente de ellos y hemos encargado a los magistrados menores de la vigilancia nocturna por toda la Ciudad. Es justo que vosotros mostréis también la misma energía al cumplir con vuestro deber en cualquier puesto en que se os destine y ante cualquier orden que recibáis, así como que ayudéis en que no se provoque ningún peligro ni altercados por culpa de la conjura secreta de unos criminales".

[39.17] Ordenaron a continuación que se diera lectura a las resoluciones del Senado, ofreciendo una recompensa a cualquiera que llevara un culpable ante los cónsules o que diera su nombre si se encontraba ausente. En el caso de que alguno hubiera sido denunciado y hubiese huido, le fijarían un día para responder de la acusación y, si no comparecía, sería condenado en ausencia; cualquiera que estuviese fuera del territorio de Italia en aquel momento, vería ampliado el plazo fijado para que pudiera defenderse. Publicaron después un edicto prohibiendo que nadie vendiera o comprase nada con el propósito de huir, ni que se recibiera, almacenara o en modo alguno se auxiliara a quienes huyeran. Una vez disuelta la Asamblea, toda la Ciudad fue presa de un gran terror. Tampoco se limitó el pánico al interior de las murallas de la Ciudad o a las fronteras de Roma; cundió la inquietud y la consternación por toda Italia según iban llegando las cartas de inmigrantes que relataban las resoluciones del Senado, lo sucedido en la Asamblea y el edicto de los cónsules. Durante la noche siguiente a la exposición de los hechos en la Asamblea, se apostaron guardias en todas las puertas, siendo arrestados por los triunviros, y obligados a volver, muchos que intentaron escapar. Se denunciaron muchos nombres y algunos de ellos, tanto hombres como mujeres, se suicidaron. Se afirmó que más de siete mil personas de ambos sexos estaban implicadas en la conspiración. Los cabecillas fueron, al parecer, los dos Atinios, Marco y Cayo, miembros ambos de la plebe; Lucio Opicernio, de Falerio, y Minio Cerrinio, un campano. Ellos fueron los instigadores y organizadores de todos los crímenes y ultrajes, los sumos sacerdotes y fundadores de aquel culto. Se procuró arrestarlos lo antes posible y al comparecer ante los cónsules lo confesaron todo inmediatamente.

[39,18] Fue tan grande, sin embargo, el número de los que huyeron de la Ciudad que, al quedar sin efecto las incautaciones y acusaciones, y viéndose obligados los pretores Tito Menio y Marco Licinio, por intervención del Senado, a aplazar sus juicios treinta días para permitir a los cónsules completar sus investigaciones. Debido al hecho de que las personas cuyos nombres estaban en la lista no respondieron a la citación y no se les encontró en Roma, los cónsules tenían que visitar las poblaciones rurales, investigar y juzgar sus casos en ellas. Aquellos que simplemente habían sido iniciados, esto es, los que habían repetido, tras dictarla el sacerdote, la forma prescrita de la imprecación por la que se comprometía a toda forma de maldad e impureza, pero que no habían participado ni activa ni pasivamente en ninguno de los hechos a los que sus juramentos los ataban, los dejaban en la cárcel. Aquellos que se habían contaminado mediante indignidades o asesinatos, o que se habían manchado con falsos testimonios, falsos sellos y testamentos, así como otras prácticas fraudulentas, fueron condenados a muerte. El número de los ejecutados superó el número de los condenados a penas de prisión; en ambas grupos hubo gran cantidad tanto de hombres como de mujeres. Las mujeres que habían sido declaradas culpables fueron entregadas a sus familiares o tutores para que actuaran contra ellas en privado; si no había nadie con potestad para infligir el castigo, éste se aplicaba en público. La siguiente tarea a afrontar por los cónsules fue la destrucción de los santuarios del culto de Baco, empezando por Roma y siguiendo luego por todo lo largo y lo ancho de Italia; solo se exceptuó aquellos donde existía un altar antiguo o una imagen consagrada. Después se aprobó un senadoconsulto por el cual, en el futuro, no habría bacanales en Roma ni en Italia. Si alguien consideraba que esta forma de culto era una obligación solemne y necesaria, y que no podía prescindir de ella sin sentirse culpable de impiedad, debería efectuar una declaración ante el pretor urbano; el pretor debería consultar al Senado y, si el Senado lo autorizaba estando presentes no menos de cien senadores, podría observar los ritos a condición de que no tomasen parte en ellos más de cinco personas, que no tuviesen fondo común, ni maestro de ceremonias ni sacerdote.

[39.19] El cónsul Quinto Marcio presentó otra propuesta, relacionada con esto y que fue objeto de un decreto, a saber, los casos de quienes los cónsules habían empleado como informantes. Se decidió que se dejaría la cuestión para ser tratada en cuanto Espurio Postumio hubiera cerrado su investigación y estuviese de regreso en Roma. El Senado decidió que el campano Minio Cerrinio fuera enviado a Ardea para ser encerrado, advirtiéndose a sus magistrados que lo mantuvieran bajo estrecha vigilancia para impedir no solo su fuga, sino cualquier intento de suicidio. Espurio Postumio regresó a Roma bastante después. Presentó a discusión la cuestión de las recompensas que se debían otorgar a Publio Ebucio y a Hispala Fecenia, pues gracias a su ayuda se habían podido descubrir las bacanales. El Senado decidió que el pretor urbano entregaría a cada uno de ellos cien mil ases del Tesoro y que el cónsul debería acordar con los tribunos que se propusiera a la plebe, a la primera oportunidad, que Publio Ebucio quedara exento del servicio militar y que no se le obligara, a menos que él lo deseara, a servir ni en infantería ni en caballería. Se concedió a Fecenia el derecho a disponer de sus propiedades como le placiera, a casarse fuera de su gens y a elegir a su propio tutor, como si se lo hubiera asignado un marido mediante su testamento. Tendría también libertad para casarse con un hombre nacido libre, sin que ninguno que se casase con ella sufriese merma en su reputación o posición. Y aún más, los cónsules y pretores entonces en activo, así como aquellos que les sucedieran, cuidarían que no se infligiera ningún daño a la mujer, sino que viviera con seguridad. Estas propuestas eran las que el Senado consideraba justas y deseaba que se procediera de aquel modo. Todas ellas fueron presentadas a la plebe, resultando confirmada la resolución del Senado; en lo referente a la inmunidad y recompensas de otros informadores, se dejó la decisión en manos de los cónsules...

viernes, 8 de enero de 2016

Un recuerdo y una esperanza.




Esperemos que durante este año que comienza los Reyes Magos traigan a las familias de todos los desaparecidos las mejores noticias posibles, especialmente en los casos más recientes:

  • 2013.12.02: Malén Zoé Ortiz Rodríguez. En Calviá, Mallorca. De 14 años.
  • 2014.05.20: Christina Savenchuk. En Jávea, Alicante. De 15 años.
  • 2014.07.14: Sibora Gagari. En Torremolinos, Málaga. De 22 años.
  • 2014.09.06: Agnese Klavina. En Marbella, Málaga. De 30 años.
  • 2015.03.14: Caroline del Valle Movilla. En Sabadell. De 14 años.
  • 2015.06.26: Nayara El-Qari. En Santa Marta del Tormes (Salamanca). De 16 años.
  • 2015.07.02: Francisco Molina Sánchez. En Córdoba. De 16 años.

















Ya ha pasado demasiado tiempo... Ni ellos ni sus familias pueden esperar más.

jueves, 7 de enero de 2016

Aquelarre.




RICHARD CAVENDISH
LAS ARTES OSCURAS
CAPÍTULO SÉPTIMO. LA ADORACIÓN DEL DIABLO. 2. BRUJERÍA (fragmentos)






[... La divina patrona de la brujería no era un dios astado, sino una diosa -Selena, Hécate o Diana, todas ellas diosas lunares. Hécate, originaria de Asia Menor, era la diosa más invocada por brujas y magos. Era una triple diosa, representada con tres cabezas o tres cuerpos, en relación con las fases lunares -nueva, llena e intermedia-, y se la identificaba como Luna, 1 la luna, en el cielo, Diana, en la tierra y Proserpina, en el submundo. Imperaba sobre fantasmas, noche y oscuridad, sepulturas, perros, sangre y terror. También era la diosa de las encrucijadas. Se creía que la escoltaban legiones de espectros mientras vagaba entre las sombras, y solían dejarse ofrendas de comida en los cruces de caminos, destinadas a dichos espíritus...]


1 En castellano, en el original.


[... Allí las brujas se dieron un banquete con pan, carne y vino. Danzaron, y Satán se transformó en un perro negro. Todas besaron sus cuartos traseros. Las luces desaparecieron y Satán gritó "Mechlet, mechlet"; 2 entonces los hombres copularon con las mujeres, a la manera de los perros. Satán les entregó polvos y ungüentos para dañar a la especie humana y al ganado. Les dijo que hicieran todo el mal que pudieran, y que lo adoraran en la iglesia en lugar de a Cristo, escupiendo en la hostia al comulgar. En uno de los aquelarres trajeron una hostia consagrada y todos la pisotearon.


2 "Mezclaos".


Angustiosa pintura describiendo meticulosamente un aquelarre




El orden de los eventos del sábado de aquelarre variaba de una a otra zona. Solía comenzarse con un homenaje formal de las brujas a Satán. Según el Compendio Maleficarum de Guazzo, las brujas tenían por costumbre encender un fuego y el Diablo se sentaba en un trono, bajo la forma de una cabra o un perro... y se acercaban a él para adorarlo, pero no siempre de la misma manera. Unas veces se ponían de rodillas, como suplicantes, otras veces permanecían de espaldas, y a veces lanzaban patadas hacia arriba para que sus cabezas se doblaran hacia atrás y sus barbillas apuntaran al cielo. Se ponían de espaldas y caminaban hacia atrás como los cangrejos, poniendo sus manos tras ellas para tocarlo, suplicantes. Cuando hablaban agachaban la cabeza mirando al suelo; y hacían todo de una manera totalmente distinta a las costumbres de los demás seres humanos.






Luego llegaba la ofrenda de velas al diablo y el beso obsceno. Se iniciaban nuevos miembros, y los hijos de las hechiceras se presentaban al Diablo, que a veces los bautizaba; en ciertas ocasiones casaba una pareja de brujos. A continuación, las brujas se sentaban para celebrar una fiesta, a lo que seguía un baile frenético que terminaba con una orgía, a la que se unía el propio diablo, que al parecer concedía sus favores a la mayor cantidad de brujas posible. Otras veces tras la orgía se iniciaba una ceremonia religiosa, una parodia de la misa católica. Después las brujas informaban sobre el mal que habían conseguido hacer desde la última reunión y finalmente el diablo les daba permiso para retirarse.






Las descripciones del aquelarre en las confesiones realizadas por las brujas reproducen muchas de las acusaciones que se habían hecho antes contra sectas de adoradores del diablo - reuniones nocturnas, la apariencia del Diablo como hombre, gato, perro o cabra, el beso obsceno, la renuncia al cristianismo, la matanza de niños, la fiesta y la orgía que seguía a la extinción de las luces. Las brujas también compartían con las sectas anteriores un odio especial por la Eucaristía que fue arraigado originalmente en una negación de la afirmación de la Iglesia como canal entre el hombre y Dios. Las palabras pronunciadas por el sacerdote en la Misa transforman el pan y el vino en el cuerpo y la sangre de Cristo, y al consumirlos el cuerpo del adorador se unificaba con Cristo. Pero los herejes creían estar en contacto directo con Dios, sin necesidad de la intervención de la Iglesia, el sacerdote y la hostia consagrada. La falta de respeto por la Eucaristía -expresado, por ejemplo, por los herejes que decían que la hostia tenía para ellos sabor a excrementos- se convirtió en el satanismo en un odio declarado hacia el cuerpo y la sangre del detestado Salvador cristiano.






Las brujas habían sido acusadas ​​de canibalismo desde los más lejanos tiempos, pero el juramento iniciático para impedir los matrimonios y el énfasis en los sacrificios de niños sugieren que uno de los factores en el desarrollo temprano del culto de las brujas era el horror herético al matrimonio y la procreación. Pasar de la desaprobación del parto a la matanza de niños parece una medida drástica, pero Clementius de Bucy y sus seguidores fueron acusados de haberla tomado. Más tarde, una de las razones del canibalismo era que evidentemente ataba la bruja a la secta, como el excremento de sapo de los Waldesianos de Turín. Algunas brujas dijeron que habían devorado bebés en la creencia de que después no podrían confesar, pensando probablemente que adquirirían la incapacidad del niño para hablar.

El beso obsceno aparece constantemente en las confesiones. Algunas brujas decían que el Diablo tenía una segunda cara en su grupa, que ellas besaban. Jeannette d'Abadie, una bruja vasca, decía que besaban la cara del Diablo, luego su ombligo, falo y trasero, lo que recuerda una de las acusaciones hechas a los Templarios ...]


[... Las propias brujas, al parecer, se referían a su dios como "el Diablo" en la mayoría de los casos y muchos de los nombres que se le daban implicaban que se le identificaba de modo consciente con el Demonio de la Cristiandad -Satán, Lucifer, Belcebú, Belial, Astaroth, Asmodeo, Mammon. En 1595, Jean del Vaux, un monje de la abadía de Stablo en los Países Bajos, que confesó sin que se recurriera a la tortura, manifestó que el ser al que adoraban el sabbath era Belcebú...]


Asmodeo. Iglesia De Rennes-Le-Chateau, Francia.


[... El nexo entre el Diablo y la cabra está relacionado probablemente con una particularidad esencial del sabbath, la cópula de las brujas con el Diablo. En las primeras referencias sobre el sabbath, tanto Anne Marie de Georgel como Catherine Delort declararon que su misión era dar placer al macho cabrío. La creencia de que los demonios podían mantener relaciones sexuales con los seres humanos y lo deseaban, procede principalmente de las tradiciones judías, por ejemplo, la historia de las relaciones de Adán con Lilith (F2-F3-F4) y otras mujeres diabólicas...]






[... En la propia orgía se acusaba a las brujas de haber cometido todas y cada una de las perversiones imaginables, junto con las demás brujas y el Diablo, y el sábado culminaba en una locura animal de sensualidad, de tormento mezclado con placer, en la que los adoradores alcanzaban el éxtasis. La unión con el Diablo solía describirse como dolorosa; según muchas brujas era una agonía similar al parto. El miembro del diablo era escamoso, según Jeanette d'Abadie, y le provocaba un dolor extremo. El falo del Diablo era antinaturalmente largo y de tacto helado, como su semen. La explicación naturalmente aceptada en nuestros días es que se utilizaba un falo artificial. Pero la experiencia también se describía como intensamente placentera. Paulus Grillandus, un juez que presidió juicios en Roma en el siglo XVI, se encontró con que las brujas disfrutaban con el Diablo "con la mayor de las voluptuosidades". Una joven francesa declaró "No querría otra vida distinta a la que llevo; soy plenamente feliz así, siempre acariciada". En Escocia, en 1662, Isobel Gowdie declaró a sus acusadores que el Diablo era "tan pesado como un saco de malta, de fuerte naturaleza y frío como el hielo", pero también "más hábil con nosotras en ese sentido que ningún otro hombre".

La misma perversa mezcla de dolor y placer aparece en testimonios sobre flagelaciones realizadas el sábado. Solía golpearse a las brujas por no haber hecho suficiente mal o por haber incurrido en el desagrado del Diablo. Isobel Gowdie dijo que solían molestar al diablo y él las golpeaba con un látigo. "Nos golpeaba y azotaba por todas partes con cables y otros flagelos puntiagudos, como a espíritus desnudos, y nosotros seguíamos gritando ¡Piedad, piedad! ¡Merced, merced! ¡Señor nuestro! Pero él no mostraba piedad ni merced." Como comentó una de las autoridades, "Esto suena más a escaramuza de placer sadomasoquista que a ninguna otra cosa" ...]





Fuentes:


  1. Richard Cavendish. The black arts. Perigee. Penguin Group, 1967. Pág. 286 y siguientes. Hay una versión limitada del libro que está disponible online en la dirección: http://documents.scribd.com.s3.amazonaws.com/docs/6ju6kh5fy82dm1u8.pdf 
  2. Lilith's cave. Jewish tales of the supernatural. 1988. Copyright: Howard Schwartz. 
  3. La Reina de Saba: http://lawebdelassombras.blogspot.com.es/2014/11/la-reina-de-saba.html 
  4. Lilith, la demoniaca primera mujer que abandonó a Adán según la tradición judía:http://www.abc.es/cultura/20150914/abci-lilit-mujer-adan-tradicion-201509132022.html 
  5. The history of witchcraft and demonology. Montague Summers. London, 1926 
  6. Wicca, A Guide For The Solitary Practitioner. Cunningham, Scott 
  7. Luciferian Witchcraft. The Grimoire Of The Serpent. Ford, Michael W. 
  8. The Encyclopedia Of Witches, Witchcraft, And Wicca. Guiley, Rosemary Ellen
  9. ABC. 14 de marzo de 1993. Los niños que asistían a las misas negras en Suecia cuentan los horrores del ritual. Cortaban en trozos al bebé y luego se lo comían, dice uno de ellos: http://hemeroteca.abc.es/nav/Navigate.exe/hemeroteca/madrid/abc/1993/03/14/103.html
  10. http://www.boschce.es/renne-le-chateau-un-misterio-sin-resolver-i/
  11. http://www.boschce.es/renne-le-chateau-un-misterio-sin-resolver-ii/
  12. Al grito de “son infieles” una musulmana asalta la iglesia de María Magdalena en Rennes-le-Château (Francia): http://www.voxtempli.org/?p=7574